miércoles, 11 de marzo de 2015

Carta a un amigo que no ha muerto

Publicado por Mimi Cano en 22:27
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Recuerdo mucho una vez que veníamos en un bus por el poblado y me dijiste que por qué diablos no nacimos ricos, si teníamos buen gusto musical y literario, si pensábamos cosas tan brutales. Le reclamábamos a esos edificios lujosos nuestra sobra de talento y nuestra falta de dinero, como para ir a visitar la tumba de Hank, o educarnos en París, como todo burgués Colombiano, tener bibliotecas del tamaño de lo que son nuestros apartamentos de chicos soñadores. Recuerdo esa ambición y pienso que no sería lo mismo si hubiésemos tenido plata por montones. No habríamos probado el sabor del Moscatel en el Parque del Periodista, y seguramente no nos habríamos ido a los lugares más sórdidos de Medellín, en los que pasamos momentos tan geniales. Esas tardes de cine en mi casa, o de lectura en algún café barato del centro, son de los recuerdos más bonitos que tengo de vos. Entonces pienso que tuvimos una educación soñada, Chopin, Bach, Beethoven, Borges, Sand, Nabokov, y tantos otros músicos y escritores que me enseñaste, los trazos de Tamara Lempika que te deslumbraron, las interminables conversaciones en las que hablábamos de política, de mujeres hermosas, de mis enredos y los tuyos, de mis depresiones y las tuyas, de esa carta que le enviaste a Cristina Peri Rossi y que ella respondió diciéndote que tenías talento. Los poemas que enviabas por correo que yo leía fervorosamente para después, entusiasmada hasta el cansancio, felicitarte y decirte cuáles fueron las partes más brutales. De mi siempre tenías un feedback en esos correos en los que yo veía seis o siete destinatarios, y que llevaban un asunto sincero, directo, preciso: "Poemas".
Un comentario en tu foto de perfil me recordó todo eso. Alguien dijo que parecías muerto y entonces quise escribirte una carta simulando que te tragó Santa Marta y no te volveré a ver. 
Mi amigo taciturno, recuerdas cuando fantaseamos con vivir en el siglo XIX? que al final desistimos por una cuestión de asepsia? Pensándolo bien, si vivimos y bebimos como esos escritores que admiramos. 
Nuestros sueños eran muy baratos 1.500 pesos para bajar en bus a la biblioteca Comfenalco de la playa y pasar horas buscando algo nuevo que devorar. Uno de esos días me mostraste Round midnight de Efraim Medina y fue como si un hacha me partiera en dos la cabeza. Entonces empecé a leer al Marqués (que tu decías humanista) y a querer ser como ellos, usar la palabra exacta para desnudar la perversión, ¡fuera el romanticismo! 
Nuestras tardes de lectura pronto se convertían en noches, y entonces un vinito (barato) una cerveza, un cigarro, y de nuevo una conversación interminable de (the) dreamers. Vos un docente de cátedra de literatura o ciencias políticas, (porque no se vive de la poesía) yo una periodista aclamada (ahora que estoy terminando tengo grandes dudas de eso último) Veíamos nuestro futuro cercano como una novela escrita al revés, como el verso de una canción de The Beatles, yeah yeah yeah. 
Seguramente en algunos momentos vamos a despertar y ver la magnitud del naufragio, como tu dices, pero tenemos los recuerdos y mientras haya memoria habrá alegría en nuestros sueños.
Y ahora que repaso todos esos momentos me doy cuenta que la ventaja que tuve cuando entré a la universidad, respecto a otras personas era todo lo que había aprendido contigo, que seguramente no me servirá de nada en los ECAES, pero ha forjado parte mi vida y me ha llevado a conocer a la persona que me hace feliz.


 
 

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