lunes, 14 de abril de 2014

Carreras de caballos

Publicado por Mimi Cano en 9:19
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Tuve una noción de los hipódromos cuando leí, hace varios años, un par de cuentos de Bukowski. Eran para mí hasta entonces, solo lugares donde él o ‘hank’ solían refugiarse.

Pero toda esa idea se vino abajo después del estallido de la polémica de José Alejandro Castaño a quien Joaquín Botero acusó en la revista Kienyke de inventar sus historias, en fin. El cuento de castaño apenas me interesaba. Un día común y corriente en la universidad, una profesora de periodismo ciudadano decidió invitar a Castaño a nuestra clase, para ‘aclarar’ todo el tema y de paso, limpiar su nombre y mostrarle a estos futuros comunicadores cómo es que se escribe.  Luego de conversar lo suficiente, el hizo un par de comentarios que me parecieron peyorativos. Y desearía que me aclare si es que lo he malinterpretado.

Inicialmente dijo ‘que tenía una idea errada de la planta física de nuestra universidad, que teníamos salones y sillas cómodas’ no entendí porqué hacía énfasis en la comodidad de nuestras instalaciones, que es lo mínimo que debe tener uno para estudiar. ¿Imaginaría de pronto una pesebrera? Me interrogué.  Luego nos remató diciendo a modo de moraleja ‘que somos los caballos por los que nadie apuesta’ claramente se refería a nosotros, a ese grupo de estudiantes que lo mirábamos con cierta fascinación.

Había olvidado ya el tema de los malos caballos cuando me encontré de frente con una oferta laboral bastante específica, que me trajo de nuevo a la cabeza la idea de que por alguna razón, debí haber elegido otra universidad, una con más prestigio, una que fuera solicitada en las ofertas laborales. Debí haberme endeudado o haber luchado por conseguir una beca, debí.

El anuncio decía: “Importante joyería requiere practicante de comunicación social o periodismo preferiblemente que sea de tal y cual universidad” no puedo negar haberme sentido discriminada, y recordar la frase premonitoria de Castaño a la que todavía no me acostumbro. Soy el caballo por el que nadie apuesta y mi universidad es un gran hipódromo de perdedores, sin plata y sin futuro.  Replanteé el anuncio, pensé que quizá buscaban un enfoque académico determinado, me di a la tarea de indagar los enfoques de esas universidades y al final me di cuenta que lo único que tenían en común era el costo del semestre académico, que claramente triplicaba lo que yo pago.

Con frustración me dediqué a preguntarle a google cuánto me voy a ganar si salgo de una universidad privada de bajo costo, y él me respondió condescendiente que no me ofrecerán gran cosa, los egresados de las universidades de la élite reciben mayores salarios y mejores oportunidades.


La inversión debe dar sus frutos y como dice el refrán lo barato sale caro, pero valdría la pena resaltar que el conocimiento no se cuantifica y que la ficha no hace siempre al jugador. Esos caballos por los que nadie apuesta, podrían sorprender al país porque conocen de primera mano la realidad que vivimos. 
 

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