martes, 2 de septiembre de 2014

Los domingos no vomito. Permutación de un cuento semanal

Publicado por Mimi Cano en 9:21
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Técnicamente los domingos no existen, son un lunes disfrazado de pereza y ansiedad.
Este no es mi día, siempre despierto en una cama extraña, con una sábana extraña y rara vez logro encontrar el calcetín izquierdo. Eso me hace zurda de los pies, zurda de domingos, zurda de la cabeza, y entonces, sufro una afasia temporal.
La salida del sueño es difícil, pero la luz incandescente que llega a través el cristal, no lo comprende. Abro los ojos, me revuelvo en los pliegues que ha hecho mi cuerpo en la cama. Mi cama. La mía. La de todos los días existentes. Estiro el brazo para apagar la alarma del celular. El ringtone es una canción pachanguera que le gustaba a mi nana. La mañana comienza sabiendo a leche con miel de abejas y cebolla de huevo –Remedio para la tos que me daba La Chava.
Todo en orden, calcetines, tenis, pantalones.  En algún blog leí que los domingos son días para suicidarse o para ser feliz. Salgo a correr, me siento en el parque, los juegos metálicos corroídos por el óxido me hacen una invitación. Recuerdo a La Chava con la leche encebollada y los columpios de madera.
En este parque las hijas de la oligarquía salen a hacer picnics al estilo gringo, con el trapo de cuadros y las canastas gringas, importadas con la plata de nuestros impuestos. Las niñas de la oligarquía de mi ciudad tienen la piel perfecta, la cara angulosa y las piernas largas como las europeas. Son el resultado de la búsqueda por mejorar la raza de esta sarta de criollos, de la que salen los Cooney, los Shepard, los Brooks y los Cushman, que se mezclan aquí con los cabellos hirsutos y los apellidos Muñoz, Castro, Cifuentes y Pérez.
Mi mundo, esas mañanas de Lunes que despierto con el guayabo del domingo encima, son el resultado, casi siempre, del encuentro furtivo con alguno de esos híbridos de apellidos mezclados y afros finamente cortados en Miami. Pero no soy como ellos, algo me hace diferente aunque solo sea yo quien conozca el secreto de mi rareza, y no pueda explicarlo.
Ayer conocí al mejor coleccionista de calcetines. Hace picnic y tiene en su registro civil la marca del afán por civilizarnos.
‘Maicol cuni’ me llevó al Olaya Herrera en la primera cita, nos besamos en las graderías de la Unidad Deportiva Maria Luisa Calle, viendo despegar un avión rechoncho de la fuerza aérea. Sin embargo, hay algo en él que no me gusta. Y no son los mordiscos suaves que me da en los labios, ni las nalgadas, ni los paseos extraños, ni los viajes a la USA que paga con su Master Card de Cliente preferencial. 
No lo amo porque no me gusta su nombre. Maicol Cuni Arbeláez o más bien Michael Cooney Arbeláez, es un retroceso, una brecha entre lo que quiero y lo que deseo. A Maicol seguramente le dieron Bisolvon en lugar de leche encebollada con miel de abejas, su nana no era la tía sino una negra que decidieron librar de la esclavitud, y que seguramente era de apellido Rentería, nació con médicos y no con parteras y lo más grave aún, Cuni nunca ha montado en el Circular Coonatra, no conoce la técnica para sacar la mano y parar un bus, jamás pediría que lo lleven por la de atrás. 
A veces quiero que andemos desnudos por la calle para no ser tan diferentes, a él no le da pena que lo vean conmigo, pero a mí sí me da pena andar con él. Me molesta cuando me lleva a restaurantes finos con más de un tenedor sobre la mesa, me incomoda ir con sus amigos y ver a las novias de ellos, con sus pieles lozanas y sus piernas flacas. A la final, no he logrado entender si me jode ser una india o que él sea un burgués. Mi nana Chava me dice que debo casarme y sacarle un par de hijos. Engendros, mezcla de blanco y negra envueltos en la placenta de la desigualdad.
Ya no me levanto los domingos, con el cuerpo hecho pedazos. Y cuando me miro al espejo mi cara está firme y calma, la mirada no parece atravesada por una estampida de shots. Lo amé desde el sábado hasta el lunes, sin tener en mi cuerpo marca alguna de  corrosión.
Entonces me dije, que definitivamente los domingos son para ser feliz, para librarse del peso del alma o del cuerpo, para saltar hacia los autos y volar por los espirales del puente de Coca-Cola, para celebrar porque Maicol Cuni Arbeláez, me cambió la forma de despertar, eliminó el tedio del séptimo día y aunque a veces olvidaba robar mi calcetín, siempre me dejaba apoyarme sobre su lado izquierdo.


miércoles, 4 de junio de 2014

Reseña crítica (El elogio de la madrastra) Mario Vargas Llosa

Publicado por Mimi Cano en 12:50
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Este artículo fue producido para la clase de Literatura del Siglo XX con Juan Carlos Restrepo Botero 

El elogio de la madrastra es una novela que enmarca dentro de su trama lo edípico y lo erótico. Posee un lenguaje rebuscado pero exquisito en cuanto a las descripciones. Y cierta riqueza en la narración de la intimidad de un hombre aferrado a los ritos corpóreos. Además de una relación estrecha entre lo angelical y lo demoníaco. Su autor, Mario Vargas Llosa, Arequipa, Perú (28 marzo 1936)  además del Premio Nobel recibido en 2010 por su trayectoria, ha tenido vastos reconocimientos por su obra, entre los cuales están el premio Leopoldo López por Los jefes (1959). Posteriormente obtuvo el premio Biblioteca Breve por La ciudad y los perros (Barcelona, 1962) La misma novela fue distinguida en 1963 con el premio de la crítica española y el segundo puesto del Prix Formentor. En 1967 por La casa verde obtuvo 3 galardones: el premio nacional de novela del Perú, el de la crítica en España y el Rómulo gallegos, en Venezuela. Entre otros premios recibió el Ritz París Hemingway, Príncipe de Asturias y Premio Planeta por diferentes obras.

Se da inicio al texto con una carta de felicitación por el cumpleaños de Doña Lucrecia, enviada por su hijastro Alfonso, que para ella resulta como una aceptación en la familia. Durante el transcurso de la obra, ese sentimiento del niño a su madrastra transmuta en los hipertextos míticos que van apareciendo en los capítulos posteriores, hasta convertirse en una situación descontrolada que acaba sorprendentemente como un plan maestro ideado por el niño.

Inicialmente se crea una atmósfera ideada para pensar que Alfonso, de verdad siente un cariño casi maternal por la señora Lucrecia, pero este sentimiento va cambiando dentro y fuera del texto. Dentro de éste, se convierte en una atracción sexual, que deriva un sentir recíproco de parte de la madrastra. Fuera del texto, en el capítulo 5° Diana después de su baño, donde se hace mención a Artemisa, la diosa de la caza, se da la transformación donde cada uno es consciente de la atracción, pero el hecho de relacionarla con ésta, y no con Afrodita, podría decir que lo que busca el niño es más bien un símbolo de protección.

Este capítulo también arroja, dentro de la hipertextualidad que representa, una relación lésbica de la señora Lucrecia y Justiniana, la criada. “Gozadora innata, igual que yo y, acaso más que yo, Justiniana nunca se equivoca en asuntos que conciernen al placer. Es lo que más me gusta de ella, más aún que sus caderas frondosas y el sedoso vello de su pubis de cosquilleo tan grato al paladar” Pero  dentro de esto también existe un halo de fantasía y debería desligarse de la mitología griega, que no contempla el lesbianismo, como sí el homosexualismo. Aunque existe un mito asociado a la sexualidad de Artemisa, a ésta no se le conoció amante varón, ni dios ni hombre. Y cabe aclarar que el mito, se desprende más de su corte de ninfas, que de sus relaciones sexuales.

La obra roza lo edípico dentro de la relación que tienen sus personajes, pero es necesario tener en cuenta que el complejo de Edipo es más un estímulo inconsciente que tiene el niño hacia la madre, y claramente Alfonso planea la situación por lo que hablar de que exista esto en el sentimiento derivado al sexo, no es muy probable.
La rutina y los espacios son elementos cruciales de la obra, puesto que se desarrolla solo dentro de la casa y permite una intromisión en la intimidad de los personajes, por ejemplo, en los rituales que realiza Don Rigoberto, que denotan nuevamente una relación estrecha con la Grecia antigua y es: el culto al cuerpo.

A partir de esto se puede inferir que cada elemento está colocado de manera estratégica para crear esta relación con los griegos, tanto que para el lector común, se da un choque temporal cuando hace mención a elementos propios de nuestro siglo como la televisión. A medida que el lector va captando estos elementos tecnológicos, ubica la obra en determinado tiempo, pero las ilustraciones y en cierto modo la narración la hacen parecer de otra época.
Es una novela sencilla desde la narrativa, pero compleja desde la forma y la estructura, sin embargo es de una lectura apasionante y entretenida, que elogia la perversidad y la lascivia de lo humano. Desde su pinacoteca la obra sugiere las fantasías sexuales que pueden tener sus personajes.

PINACOTECA
1.    Jacob Jordaens, Candaules, Rey de lidia, muestra su mujer al primer ministro Gigies (1648), óleo sobre tela, Museo Nacional de Estocolmo.
2.    François Boucher, Diana después de su baño (1742) óleo sobre tela, Museo de Louvre París.
3.    Tiziano Vacellio, Venus con el amor y la música, (c.1548), óleo sobre tela, Museo del Prado, Madrid.
4.    Francis Bacon, Cabeza I (1948), óleo y témpera, colección Richard S. Zeisler Nueva York.
5.    Fernando de Szyszlo, Camino a Mendieta 10 (1977), Acrílico sobre tela, colección particular.

6.    Fra Angélico, La anunciación (c.1437), fresco, Monasterio de San Marco, Florencia.

lunes, 14 de abril de 2014

Carreras de caballos

Publicado por Mimi Cano en 9:19
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Tuve una noción de los hipódromos cuando leí, hace varios años, un par de cuentos de Bukowski. Eran para mí hasta entonces, solo lugares donde él o ‘hank’ solían refugiarse.

Pero toda esa idea se vino abajo después del estallido de la polémica de José Alejandro Castaño a quien Joaquín Botero acusó en la revista Kienyke de inventar sus historias, en fin. El cuento de castaño apenas me interesaba. Un día común y corriente en la universidad, una profesora de periodismo ciudadano decidió invitar a Castaño a nuestra clase, para ‘aclarar’ todo el tema y de paso, limpiar su nombre y mostrarle a estos futuros comunicadores cómo es que se escribe.  Luego de conversar lo suficiente, el hizo un par de comentarios que me parecieron peyorativos. Y desearía que me aclare si es que lo he malinterpretado.

Inicialmente dijo ‘que tenía una idea errada de la planta física de nuestra universidad, que teníamos salones y sillas cómodas’ no entendí porqué hacía énfasis en la comodidad de nuestras instalaciones, que es lo mínimo que debe tener uno para estudiar. ¿Imaginaría de pronto una pesebrera? Me interrogué.  Luego nos remató diciendo a modo de moraleja ‘que somos los caballos por los que nadie apuesta’ claramente se refería a nosotros, a ese grupo de estudiantes que lo mirábamos con cierta fascinación.

Había olvidado ya el tema de los malos caballos cuando me encontré de frente con una oferta laboral bastante específica, que me trajo de nuevo a la cabeza la idea de que por alguna razón, debí haber elegido otra universidad, una con más prestigio, una que fuera solicitada en las ofertas laborales. Debí haberme endeudado o haber luchado por conseguir una beca, debí.

El anuncio decía: “Importante joyería requiere practicante de comunicación social o periodismo preferiblemente que sea de tal y cual universidad” no puedo negar haberme sentido discriminada, y recordar la frase premonitoria de Castaño a la que todavía no me acostumbro. Soy el caballo por el que nadie apuesta y mi universidad es un gran hipódromo de perdedores, sin plata y sin futuro.  Replanteé el anuncio, pensé que quizá buscaban un enfoque académico determinado, me di a la tarea de indagar los enfoques de esas universidades y al final me di cuenta que lo único que tenían en común era el costo del semestre académico, que claramente triplicaba lo que yo pago.

Con frustración me dediqué a preguntarle a google cuánto me voy a ganar si salgo de una universidad privada de bajo costo, y él me respondió condescendiente que no me ofrecerán gran cosa, los egresados de las universidades de la élite reciben mayores salarios y mejores oportunidades.


La inversión debe dar sus frutos y como dice el refrán lo barato sale caro, pero valdría la pena resaltar que el conocimiento no se cuantifica y que la ficha no hace siempre al jugador. Esos caballos por los que nadie apuesta, podrían sorprender al país porque conocen de primera mano la realidad que vivimos. 
 

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