lunes, 2 de enero de 2012

Carta a una madre desesperada.

Publicado por Mimi Cano en 23:28
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Hoy he recordado que antes nos escribíamos cartas a mano, en las cuales no critiqué tu ortografía ni la ausencia de comas, ni nada, y una vez me enviaste una tarjeta con dibujos animados que me hizo sentir muy bien. Antes nos extrañábamos, o más bien antes te extrañaba, ahora me acostumbré a tu ausencia y no logro acomodarme con tu presencia cuando vienes a verme.  Odio decir "me acostumbré", porque ya no me gusta adaptarme simplemente y dejar que  todo vaya pasando, la herida se me ha endurecido y se convirtió en un callo que ni siquiera tiene un poco  de sensibilidad. Me he convertido en una roca de la que tú misma te preguntas cuándo ablandará un poco su coraza. No he olvidado las lecciones que aprendíamos de memoria en la hamaca de la casa, todavía recuerdo perfectamente qué es clima y cuales son las predicciones, también los nombres de las pirámides de Egipto y una que otra cosa de ecuaciones, recuerdo perfectamente que me gané la fama de muy inteligente en el colegio porque tú en casa me llevabas siempre un paso adelante de los demás, recuerdo todo lo que nos unía. Las mascotas, las tareas y la costumbre de leerme en las noches el cuento de La niña que pisó el pan. Ahora bien, te preguntarás si recuerdo todo eso porqué diablos me olvidé de ti. Y de hecho no lo hago, te recuerdo, no muy seguido en el día pero me haces falta cuando mi celular no suena. Hablamos idiomas distintos, y la vida no nos ha ayudado mucho, la presión de la sociedad, la economía, los límites, todo nos ha puesto en extremos opuestos de los que no queremos salir... Somos tercas y no soltamos una idea, tu vives con la idea de protegerme hasta de la picadura de una mosca, y yo vivo con la idea de ser libre y dejar que el río me lleve por su cauce. Tal vez tenemos conceptos erróneos de libertad, tal vez nuestra vida no se hizo perfecta y tenemos que aguantarla. Quizá queremos cambiar nuestra historia pero por mucho que pasen los años la brecha se hace más y más grande, y nunca se reduce, el abismo que nos hace tan diferentes crece con la fuerza que crece un roble y las ganas de luchar se agotan, como se agota el agua del planeta.  


Nos estamos acostumbrando a tenernos siempre ahí, sin importar bajo que condiciones, y nos hemos olvidado de que tenemos que recuperarnos.

3 comentarios:

José Antonio Arnedo on 3 de enero de 2012, 8:55 dijo...

Enhorabuena por un blog tan personal...

En cualquier caso, en mi opinión, hay veces que hay que huir de la melancolía.

Si pica, rascarse es peor: la tristeza engendra tristeza.

Al melancólico sólo puedo decirle una cosa: “Mira a lo lejos”.

Ser feliz es un deber; hacia ti y hacia los demás.



Si quieres leer más sobre alguna de estas frases, no dudes en visitar:

http://josearnedo.blogspot.com/

Un saludo y feliz 2012,

Jose

Violeta Vigil on 4 de enero de 2012, 19:11 dijo...

"Odio decir "me acostumbré", porque ya no me gusta adaptarme simplemente y dejar que todo vaya pasando" Con esa parte he vivido bastante tiempo, me encanto leerte.

Purpúrea on 5 de enero de 2012, 23:05 dijo...

Gracias por leerlo, es bastante personal y sirvió como una especie de desahogo...
Intenta cambiarlo pronto Violeta, es como una bola de nieve que luego no podrás parar.
Saludos! :)

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