lunes, 16 de enero de 2012

Mientras duerme.

Publicado por Mimi Cano en 11:49
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De vez en cuando abro los ojos para ver si ya esta dormida, pero mi cálculo falla. Ante mi están siempre sus ojos pequeños  y nigérrimos, que me miran tímidamente, mientras  sus labios se van deslizando hasta formar una sonrisita que se mezcla entre la picardía y la ternura. Entonces se cierran y finge dormir mientras con sus dedos juega a caminar sobre mi brazo derecho. Unos minutos más tarde se cansa del juego y parece que por fin sus ojos negros se cierran para descansar. La miro atentamente, sin perder el hilo de su respiración, la miro y sonrío y a veces hasta lloro, porque sé que es perfecta y su pequeño cuerpo encaja en el mío como en un molde, porque sé que si algún día me deja, si algún día pierdo de vista sus ojos negros y su sonrisa, creo que el peso de mi cuerpo disminuirá 21 gramos.  

lunes, 2 de enero de 2012

Carta a una madre desesperada.

Publicado por Mimi Cano en 23:28
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Hoy he recordado que antes nos escribíamos cartas a mano, en las cuales no critiqué tu ortografía ni la ausencia de comas, ni nada, y una vez me enviaste una tarjeta con dibujos animados que me hizo sentir muy bien. Antes nos extrañábamos, o más bien antes te extrañaba, ahora me acostumbré a tu ausencia y no logro acomodarme con tu presencia cuando vienes a verme.  Odio decir "me acostumbré", porque ya no me gusta adaptarme simplemente y dejar que  todo vaya pasando, la herida se me ha endurecido y se convirtió en un callo que ni siquiera tiene un poco  de sensibilidad. Me he convertido en una roca de la que tú misma te preguntas cuándo ablandará un poco su coraza. No he olvidado las lecciones que aprendíamos de memoria en la hamaca de la casa, todavía recuerdo perfectamente qué es clima y cuales son las predicciones, también los nombres de las pirámides de Egipto y una que otra cosa de ecuaciones, recuerdo perfectamente que me gané la fama de muy inteligente en el colegio porque tú en casa me llevabas siempre un paso adelante de los demás, recuerdo todo lo que nos unía. Las mascotas, las tareas y la costumbre de leerme en las noches el cuento de La niña que pisó el pan. Ahora bien, te preguntarás si recuerdo todo eso porqué diablos me olvidé de ti. Y de hecho no lo hago, te recuerdo, no muy seguido en el día pero me haces falta cuando mi celular no suena. Hablamos idiomas distintos, y la vida no nos ha ayudado mucho, la presión de la sociedad, la economía, los límites, todo nos ha puesto en extremos opuestos de los que no queremos salir... Somos tercas y no soltamos una idea, tu vives con la idea de protegerme hasta de la picadura de una mosca, y yo vivo con la idea de ser libre y dejar que el río me lleve por su cauce. Tal vez tenemos conceptos erróneos de libertad, tal vez nuestra vida no se hizo perfecta y tenemos que aguantarla. Quizá queremos cambiar nuestra historia pero por mucho que pasen los años la brecha se hace más y más grande, y nunca se reduce, el abismo que nos hace tan diferentes crece con la fuerza que crece un roble y las ganas de luchar se agotan, como se agota el agua del planeta.  


Nos estamos acostumbrando a tenernos siempre ahí, sin importar bajo que condiciones, y nos hemos olvidado de que tenemos que recuperarnos.
 

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