jueves, 4 de octubre de 2012

La Crucifixión de Cristi. Una tarde en el cine porno

Publicado por Mimi Cano en 15:15
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En Medellín,  hablar de onanismo representa casi una afrenta a la moral y las buenas costumbres paisas. El solo hecho de decir masturbación, causa escozor y  hace voltear al que va al lado en el metro, para ver la cara del pervertido que se atreve a mencionarlo en público. Un pene o una vagina no son órganos sexuales, sino palabras en cuarentena que debemos mantener salvaguardadas en nuestro cerebro. Tememos a lo que llevamos todos entre las piernas y tememos más, si eso está en funcionamiento y se nos abre de par en par la puerta.

Otra cosa ocurre cuando los ciudadanos del común se van a desafiar la lengua y el lenguaje, adorar a onán y por qué no, dejar que en un momento de calentura, el travesti de la casa les dé una mamadita.  El teatro Villa Nueva está ubicado a dos cuadras del hotel Nutibara, justo debajo del Metro. Por fuera es como cualquier establecimiento del centro, plagado de vendedores ambulantes. La entrada es amplia y tiene un cubículo trasparente donde por cinco mil quinientos pesos, las rubias se desnudan y los hombres descubren que tienen sus muñecas fuertes y ágiles.

Al lado de la taquilla hay una cartelera donde se exhiben sin recato algunas imágenes promocionales de las películas, con sus respectivos títulos en inglés. –Body Shock, Comfart Cogktails y tantos otros cuyas traducciones no entran en mi pulcro vocabulario paisa.

Cuando me acerqué a la taquilla lo hice con decisión, quise simular ser uno más de los que entran a diario, adictos al porno y  las penetraciones, pero no pude, creo que mi cara, mis lentes, mi libreta y el lapicero que sostenía tímidamente en la mano izquierda, dejaban bien claro que era periodista o que yo creía que lo era.  La mujer detrás del vidrio empañado y sucio, tal vez  acostumbrada a ver siempre hombres, me miró con curiosidad y a la hora de pedir las entradas soltó una risita sutil.

-Cinco mil quinientos, y  hoy es promoción- En ese momento recordé el instante en que decidí venir y por un segundo me arrepentí, pero mis acompañantes se veían bastante cómodos, entonces decidí continuar y recibimos nuestras respectivas entradas. Un papelito rosado que decía Teatro Villa Nueva, y que acto seguido entregábamos a un tipo joven que lo rompía y depositaba en una urna de vidrio, que cuidaba la evidencia latente de que habíamos estado en un cine porno. El tipo nos explicó cómo funcionaba. Mencionó dos salas y que teníamos libertad de andar por ambas como quisiéramos. 

-Segundo y tercer piso- dijo él.  Yo asentí con la cabeza, ellos dijeron gracias y comenzamos a subir. Una escalera en forma de caracol, digna de un buen teatro de épocas pasadas nos conducía hacia la sala. Mientras ascendía recordaba la vez que vi Calígula con mi mejor amigo. Esa noche nos bebimos dos litros de Moscatel de uva y no llegamos siquiera a pensar en tener algún acercamiento. Ahora me preguntaba si tal vez, en esta sala, me asaltaría un fantasma libidinoso que pusiera humedad en mi entrepierna, o me dedicaría solo a documentar cada movimiento en mi libreta.

Entramos a la sala. Unos amigos a los que les había comentado mis planes, me recomendaron no sentarme (por obvias razones).Cuando ingresamos nos quedamos quietos por unos segundos, esperando que las retinas se acostumbraran a la penumbra. Yo aguantaba la respiración y seguía pensando en Calígula. Buscaba entre las sombras algún movimiento rítmico que me diera motivos para empezar a escribir. Algo que me diera para agarrar la mano de mi compañera y decirle que allá, al fondo en cualquier dirección, alguien estaba teniendo sexo con alguien. Pero nada así ocurrió y me quedé con los malos pensamientos enredados en los cabellos. Contrario a lo que habíamos planeado minutos antes de ingresar, nos sentamos.  Nos acomodamos y los tres al tiempo dijimos algo relacionado con lo asqueroso que era estar sentados.
Once personas en una sala para ciento cincuenta. Eso fue lo primero que apunté en mi libreta.
La sala estaba armonizada con música constantemente y aún conservaba el telón en el escenario donde algún día hicieron dramaturgia. Literalmente a gritos decía que eso había sido un teatro. La película que proyectaban era de una rubia y un tipo disfrazado de científico o algo por el estilo. Yo seguía mirando a todos lados, esperando algún sonido. Siendo masoquista porque sabía que si veía algo me iba a llenar de pánico y saldría corriendo. En ese momento pasaban por mi cabeza cosas absurdas. ¿La arena del gato estaría limpia? ¿Qué pensará la señora de la taquilla, que vinimos a hacer un trío? Miraba la pantalla con timidez y de vez en cuando, trataba de no enfocarme en el sexo y miraba las esquinas, como para convencerme que no hacía parte del séquito de pervertidos que se tocaban a oscuras en el teatro Villa Nueva.

Yo pocas veces he visto pornografía y no me considero fiel seguidora, soy de esas personas a las que les cuesta poner la palabra Pene o vagina en un escrito, y soy sutil cuando hablo de masturbación. ¿Qué me había llevado a ese lugar entonces, si no me gustaba ver películas porno? La curiosidad, si bien no me gusta ese género cinematográfico, me gusta lo bizarro y seguramente, ese instinto casi enfermizo que me conduce siempre al trato con gente así, me llevó a sentarme en una silla donde seguramente había más de un polvo.

Cuando volteé a mirar nuevamente la pantalla, la chica estaba acostada con las piernas de par en par, como las puertas del teatro. El hombre la penetraba con fuerza y pronunciaba frases que escaparon a mi precario entendimiento del inglés. La chica gritaba ¡oh yeah!  Y yo pensaba. Como siempre, el porno que he visto siempre ha sido igual. Mujeres que gritan al punto de que si fuera hombre me bajarían la erección. Ahora cambian de posición. Yo me acomodo en el asiento y miro con menos preocupación. Ya no me importa si la señora de la taquilla o mi mamá o también caerás y sus cámaras escondidas, me están mirando.

Me hago parte del teatro que se sostiene entre penes erectos y vaginas imaginarias. En ese momento, justo cuando he llegado a la plenitud que proporciona aceptar un gusto tabú, las luces se encienden.  Todos miran a sus costados con los ojos casi cerrados. Otros se llevan las manos a la cara para cubrirse y fingir desperezarse y uno, solo uno advierte mi presencia. Ese tipo a unas 10 filas de distancia me miró con rabia, como si estuviera irrumpiendo en su espacio. Me sentí  intimidada porque otros comenzaron a sentarse más cerca. Dos mujeres en la sala. Éramos el foco de las fieras que habían roto braguetas y tendones.  Éramos las mironas que tal vez merecían un castigo. Eso pensaba yo.

Las luces volvieron a apagarse y comenzó la segunda película. Esta si era cliché. La voz de una española hacía la narración. “Una sexi secretaria que aprovechaba la ausencia del jefe del aeropuerto para follar con todos” Las películas eran aproximadamente de los noventa, y los cortes de pelo y vello evidenciaban tal fecha. También la altura y forma de los calzones de la actriz, que llevaba puesto un vestido de flores. Salió de la oficina y salió al encuentro de sus  mecánicos en overol. Yo había tenido un pensamiento cerrado y machista que decía que el porno era solo para hombres. Solo en ese momento sentí que tenía razón. Los tipos no se percataban de que tenían las botas puestas o que sus penes salían por la bragueta del overol. Estaban allí como animales en celo.

Delante de nosotros se acomodó un hombre de unos cuarenta y tantos, llevaba un bolso. Seguramente había salido del trabajo y allí dentro tenía su uniforme y su coca del almuerzo. Se sentó y estiró las piernas. En medio de los gemidos de la mujer y los balbuceos de sus acompañantes, que emitían sonidos como de una invasión zombie, escuché como se abría el cierre del pantalón.  Con mucha destreza y tal vez experiencia volteaba a su izquierda y se masturbaba mientras nos miraba. Las únicas mujeres del teatro. Me asusté e imaginé que el tipo se levantaría y me echaría toda su porquería en la cara.  Yo tenía el bolso sobre las piernas y lo usaría de escudo, de ser necesario.

Difícilmente  pude acostumbrarme al pla pla pla pla de mi vecino, cuando escuché detrás otro sonido de esos que anuncian la pelea de cinco contra uno. Marica, Estábamos rodeados, les dije. Los hombres comenzaron a moverse de asiento constantemente, algunos para salir a contestar el celular y que tal vez no los delataran las chillonas actrices que ya no me causaban nada de gracia. Otros solo pasaban por las filas mirando detenidamente. Un travesti pasaba lento y se quedaba mirando, como esperando la más mínima señal, en medio de la oscuridad y el ruido, que le indicara que era hora de trabajar. El hombre delante de nosotros cambió de posición y de mano, al parecer era ambidiestro, esta vez miraba a esteban. Se tocaba y lo miraba, volvía la cabeza al otro lado y nos miraba. Yo comencé a molestarme, me provocaba gritarle y  que se retirara y nos dejara ver en paz la maldita porno, que dejara de ser sucio. Pero entonces recordé donde estaba y volví a imaginarme que el tipo me tiraría toda su cochinada encima, o peor aún que me clavaría su asquerosa verga en la boca. Recordé esa parte en El Anatomista, en que Mona Sofía, aún siendo una pequeña niña le arrancó el pene de un mordisco a uno de sus primeros clientes,  y la sensación que me provocó la lectura de ese párrafo  me ha venido perturbando cada vez que veo algo parecido. También vino a mi cabeza esa vez que en el bus de Buenos Aires un tipo al hacer la fila para bajarse me mostró su pene, baboso y enrojecido. Ese día tampoco grité porque el miembro me quedaba a la altura de la boca. 

La película se acabó y yo no supe si el man se vino y tampoco supe si mi vecino de asiento se vino. Había tenido la mente ocupada recordando cuanta tontería pudiera sacarme de ese momento tan incómodo. El caso es que comenzó inmediatamente otra. Los fotogramas no dan tregua al masturbador, la erección en un viejo debe ser difícil y hay que mantenerla dura.  Esta también era narrada por la española  y hablaba de una chica que se llamaba Cristi, y llevaba puesta una cadena con un crucifijo.  

En mi opinión el porno que presentan en el Teatro Villa-Nueva es malo, aunque no he visto una porno que haya tenido un contenido vasto antes del "mete y saca", estas eran demasiado obvias. Cristi eraba echada en una silla de playa con las tetas al aire mientras dos hombres corpulentos y con sonrisa de retrasados la "espiaban". Se acercaron y ya casi tenían una erección, se quitaron sus pantalonetas y ella ipso facto les hizo sexo oral. Derrumbaron la idea del espionaje y el misterio. Fue tan fácil que en ese momento a mi retorcida mente llegó la idea de que sería mejor si fingen una violación. Luego llegaron los otros dos. Caminando en puntillas como si ella no se diera cuanta que se la iban a comer.

A Cristi le tocaron cuatro. Y con todos podía y quería, al punto que todo se tornó asqueroso. Ella estaba de rodillas y los cuatro penes blandengues, rosados y viscosos la golpeaban en la cara. Ella tenía abierta la boca todo el tiempo, los hombres se tocaban entre ellos las puntas de sus miembros, disputándose el lugar del que quedara más cerca de ese cielo que era la boca de Cristi. Yo volvía a pensar que el porno era para hombres y que los hombres que lo veían eran todos unos maricas. O sea que estaba en una sala con un hombre, una mujer, un travesti y diez maricas hambrientos. La idea me aterró, me distraje mirando el telón que otrora cargaba historias y no polvo. Volví a la película cuando vi que Cristi estaba siendo penetrada brutalmente y gritaba como pidiendo auxilio. Con las actrices porno uno no sabe si es dolor o placer así que solo opté por decir “pobrecita, la están matando” Esto detonó una conversación entre mis interlocutores. Ellos que sí estaban viendo detenidamente advirtieron que las sombras de los camarógrafos se veían en el suelo, y en un vidrio se reflejaba el micrófono con el que grabaron los gemidos de Cristi y sus cuatro contendores.  

La conversación pasó de ser chistosa a ser una crítica de cine, contemplando épocas y producciones. Melissa sabía de varios y los mencionó. El tipo que todavía seguía con su erección a medias y del que ya comencé a dudar que se lograría venir, se volteó y se quedó de frente mirando la película. Un hombre salió a contestar el celular y el haz de luz llegó hasta nuestro vecino. Él hizo un movimiento brusco y se acomodó el pene en el pantalón. Le bajamos la erección dijo Esteban. Si mejor vámonos, dijo Melissa. Me puse de pie y me estiré, tengo la mala costumbre de pasarme las manos por las nalgas cuando me levanto de alguna silla, pero en ese momento sentí pavor de hacerlo. No quería ver mi reacción si algo húmedo se me escurría en los dedos, así que decidí olvidarlo y salir.

Afuera había unos tres o cuatro hombres fumando frente a un letrero de prohibido fumar, como pasa en todas partes ahora. Había mucha luz. Y definitivamente yo ni sabía qué hora era. Estaba desorientada y seguía pensando en Cristi, que todavía seguía gimiendo de placer y dolor en esa pantalla, donde su coño se veía tan suave y tan rosado que a veces me daban ganas de tener una novia rubia. O una porno de amiga. 

Fuimos al segundo piso, donde supuestamente había otra sala. En realidad eran palcos, omitimos el ingreso a estos porque ya había sido suficiente y estábamos asteados de ver penes y vaginas,  y los discípulos de Onán tirados en las sillas del teatro como si fueran reclinomatic.

 Al bajar al primer piso vimos otra vez a la señora de la taquilla. Preguntó cómo nos había ido, y entendí el por qué de su risa cuando nos vendió las entradas.  En ese momento vi también que todos llevaban uniforme, como en los cines grandes de los centros comerciales y que además era bastante ordenada en su cubículo. Respondimos que muy bien y le contamos, con mucha emoción que un tipo se había masturbado hasta que lo hicimos aburrir. Ella se rió y dijo que era normal y que eso era poco a comparación de lo que pasaba. Esto me llevó a pensar que yo no era tan mal pensada, ni tan perversa, y que simplemente estar en un cine porno implica necesariamente un acto sexual. Así yo no lo hubiera visto en las sombras. 

Me di cuenta que ese y cada recoveco del centro es un universo distinto, del que no estamos tan lejos y  que tal vez la sociedad común es la rara. Este teatro, aunque esté en decadencia, es un lugar que siempre tendrá sujetos dispuestos a pagar para ver la crucifixión de Cristi y tocarse un rato o dejarse tocar del travesti. Es un sitio donde personas como yo, van a descubrir que no está mal ver una porno aunque sea por curiosidad, y masturbarse de vez en cuando por salud-mental.


domingo, 30 de septiembre de 2012

COUNT ¡THIS LIFE SUCKS!

Publicado por Mimi Cano en 23:15
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Voy a contar hasta diez.

Voy a contar hasta diez
y habiendo terminado el conteo, en la oscuridad de mi habitación
En la penumbra de este agujero negro en el que me encierro sin puertas a ver como pasa la tarde, la noche, la vida. Aquí. En este recoveco de intimidad. ¡Voy a gritar!
    ONCE
DOCE
                 TRECE
Y nuevamenete diez como en un eterno retorno.

En la tv, tal vez en una película o serie gringa alguien dijo (alguien puede ser cualquier cosa)
Alguien dijo YOUR LIFE SUCKS y yo pensé que era cierto y  escribí  en el espejo THIS LIFE SUCKS con marcador borrable.

UNO. Debo hacer una lista de las personas que odio y las posibles causas de sus muertes según mi deseo.
Todavía no empiezo. Me haría falta papel de baño.

DEL DOS AL CINCO. Señor comensal. Si la mesa está sucia NO SE SIENTE. Odio profundamente la estulticia. Que a pesar de todo es un mal propio.

SEIS SIETE OCHO NUEVE. me quedo en silencio. La entrada de esta habitación sin puerta se nubla y se llena de opacidad. La pared huele a naranjas, me voy a chupar el muro.

DIEZ. ¡THIS LIFE SUCKS! ¡YOUR LIFE SUCKS! ¡YOUR LIFE SUCKS!

martes, 17 de julio de 2012

Te necesito

Publicado por Mimi Cano en 17:35
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Nobuyoshi Araki

No sé hasta qué punto se llegue a tomar la escritura como un exorcismo de todas esas pesadumbres que atropellan el alma y endurecen las lágrimas.

Me tiré sobre la cama y ahogué mis gritos en la almohada. Llevaba tiempo sin sentir ese frío que entorpece los encuentros con esa persona que amas y dice amarte. Meses tal vez, sin sentir que por momentos había soltado mi mano y no me había dado cuenta. 

¿Qué nos estaba pasando? ¿Sería una crisis o simplemente se habría apagado la chispa? No quería averiguarlo, me dolería hallar esa verdad absurda e inexplicable que nos tenía atrapadas.

Esperé su llegada de la oficina y planeé en mi mente la conversación entera; las preguntas, las respuestas y los argumentos a debatir. Pero cuando sentí que abría la puerta del apartamento un escalofrío me recorrió el cuerpo y se me borraron todas esas ideas falsas.

Hizo los movimientos de rutina, descargó el bolso, se quitó los zapatos, fue al baño y se lavó las manos. Entró en la habitación y no me besó. 

Te invito a darle final. 

(Andrés Osorio se ha dado a la tarea de continuar conmmigo este relato. Disfruten el final que él nos ha dado)

Se puso la pijama, tomó el libro que deja sobre la mesa de noche y se despreocupó de mi aspecto, de mis gestos, de mi agobio, se dejó absorber por las palabras que se mecían en aquel libro viejo, yo dejé rodar suavemente dos o tres lagrimas, tomé valor y le pregunte con vos entrecortada: ¿qué nos está pasando? ella no se inmutó en mirarme, no me contestó, no hizo gesto alguno, creí desfallecer en ese momento, sentí un brote de calor en mis mejillas y salpiqué de llanto las cobijas, volví ahora con más fuerza a preguntar, ella despreocupada me miró a los ojos, lentamente bajó y soltó el libro entre sus piernas y dijo: sé las razones de tu llanto, sé también que en las noches anhelas sentir mi corazón latir en tu pecho y llenar con besos nuestro cuerpo, también comprendo que te sientas frustrada por no saber lo que pasa, pero solo te pido un tiempo, no quiero que indagues mas en pensamientos estúpidos y razones sin peso, quiero que confíes en mi y entiendas mis ausencias, yo te amo, siempre te he amado, ahora trato de entender una dura realidad, una realidad que me está pesando…interrumpí sus palabras y rompí en llanto, me llene de rabia, de motivos, su cara se llenó de asombro, sus ojos se encharcaron un tanto, solo me quedo huir.


Han pasado dos meses y ahora entendí su agobio, su desencanto, llevaba consigo el peso de un grave diagnostico, su vida tenía un tiempo, su cuerpo se estaba desgastando, un cáncer se comía sus sueños, sus anhelos, su mundo y ella trató de explicarlo, en sus llegadas tarde, en sus salidas temprano, yo no supe entenderlo, no pude apreciarlo, me embarqué en mis propias necesidades y me olvidé de sus cada vez más deterioradas manos.
Ahora lo comprendo y ahora me está matando.

viernes, 6 de julio de 2012

Todos podemos hacer crítica "la ignorancia profunda genera libertad."

Publicado por Mimi Cano en 11:03
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He leído muchos comentarios alabando la crítica y la redacción y no puedo decir  que voy a refutarlos. La columna está, en resumidas cuentas bien elaborada. y hablo de esta Las 7 ventajas de la idiotez. Homenaje a la columna de Alejandra Azcárate   Sin embargo se está manteniendo lo que tanto se critica: la tan mencionada palabra DISCRIMINACIÓN, pasa de ser un argumento para defender, a una ofensa completa. ¿Acaso la discriminación es solo para las minorías? Cuando alguien dice que una mujer incurre en la idiotez por su apariencia física es una nimiedad a la que no deberían hacer caso.   Discriminación va más allá de decirle gorda a una gorda, negro a un negro, feo a un feo. ETC.

Con un poco de admiración y terror he leído la columna de chili. Cada  renglón se usa para defender a una comunidad y atacar a un personaje, que viéndolo bien solo escribió una opinión jocosa, una visión de la realidad, de su realidad.  El problema es el medio que lo publica y la que debería estar en entredicho es la Revista de circulación nacional y ahora con internet, internacional. La gordura, al igual que la belleza no es un motivo de revueltas. Ella (Alejandra) no necesita convertir nada en factor de seguridad, porque seguridad tiene y es algo innato.

Si le pagan por ser vulgar, mordaz y utilizar esa verborrea sexista, es porque, a los colombianos les gusta.  A mi Alejandra no me genera admiración, pero tampoco lástima… Ha sabido jugar con todo y déjenme decirles. No se puede calificar de bruta a una mujer solo por el hecho de ser bella físicamente. Eso es Discriminación y la discriminación es un crimen ¡Asúmanlo!

Esto se me parece mucho a los discursos populistas con los que el público se levanta indignado y al fin y al cabo “cuando muchos piensan igual, ninguno está pensando” Dárselas de inteligente porque quiere disfrutar de una lectura al lado de una piscina no es para nada admirable, por el contrario pasa a engrosar la lista de pseudointelectuales, que compran libros por metro cuadrado para exhibir en la biblioteca de la sala. Tal vez yo esté incurriendo en la falacia Ad Hominem, pero nótese que aquí también lo están haciendo.

La estupidez humana no se mide con pintalabios, ni cirugías, pero tampoco con libros y discursos / columnas populistas  

martes, 1 de mayo de 2012

Gato loco. Far far away

Publicado por Mimi Cano en 17:56
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Sleeping study - Ray Caesar

Y te llamé, te llamé dos veces pero no llegaste.

Y te esperé.

Por eso mismo te digo que no te duermas, que no te mueras, que no me busques en el más allá, pero te obstinas y te empecinas y profundizas, ya estoy cansada de esperarte y te llamé dos veces y te esperé dos más.

Si hoy no vienes voy a suponer que te has quedado dormido, que te has quedado dormido far far away, como en la película de Shrek. Como cuando sueñas por la mañana y no entiendes si has despertado del lado derecho o del izquierdo, si tienes dos tres o cuatro extremidades.

Si no vienes conmigo esta noche te diré que soy un gato loco, porque si digo que soy una gatita loca, sonará a invitación nocturna de zorra ardiente, y sé que te encanta, y sé que quieres estrellar mi cuerpo contra el sofá y caer caer caer, caer en caída libre y hacerme el amor completo con todas las tildes.

Y luego voy a escribir que te comes las margaritas del jardín de Margarita. Me pregunto qué pensará Jodorowski si le digo que te gusta follar por las mañanas sin haberte lavado los dientes, y que una vez te masturbaste con una imagen googleada de Nacho Vidal.  

Si yo te llamo es para que vengas, pa’ que me atiendas, para que me hagas desfallecer. Lo que no entiendo es por qué no vienes, por qué te  quedas far far away. Y ya te he dicho que soy un gato loco y que te espero, uno dos tres.

Y te llamé, te llamé dos veces pero no llegaste.

Y te esperé. 

lunes, 30 de abril de 2012

Des-Orden

Publicado por Mimi Cano en 12:37
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Si sentir celos no es una quijotada bienvenido a mi mundo, bienvenido al perfecto infierno de las dobles caras y las monedas sin fondos… No se puede ser perfecto, pero yo quiero una mujer perfecta. Perfecta para mí, perfecta para mis gustos, perfecta para ese hombre desconocido que veo todos los días frente al espejo.
Algo anda mal con mi cuerpo, mi alma (si es que tengo o algún día tuve una) y con mi cerebro. No se conectan, no hacen sincronía ni siquiera a la hora de dormir. Lo que me afecta no es una locura diagnosticada, es más bien un autodiagnóstico que me dictamina como histriónico y narcisista, también tengo algo de egocentrismo. Adórame y seremos felices. La mujer ideal para mí es como vos, vos convertida en algo que quiero, que idealizo y que tienes que ser si quieres estar conmigo.
Algo anda mal con mi cerebro, mi alma y mi cuerpo. No se conectan ni hacen sincronía. Cuando hablo con ella siento algo diferente, una especie de aire de cambio que tal vez, solo tal vez me haga tirar la máscara y la coraza. Pero no es así, ella no es como quiero que sea. Es ella misma y eso me gusta y me desagrada al mismo tiempo. No quiero perder el control de la situación-relación, sin embargo también en cierto modo adoro la dominación. Sí, es eso, estoy tan ensimismado y tan metido en mi burbuja que me hace falta un poco de plomo, un molino que no quiera ser derribado, una mujer que no quiera ser vulnerada ni manipulada.
Conocí a J en la universidad, por azar ella me gustaba y yo no le era indiferente. Hace un mes la he querido atrapar y no se deja, la he querido encapsular y no se deja. Tal vez eso sea lo que me ate a ella y a las demás, son como animales que domesticas y cuando son mansos pierden la gracia. No me llena una sola mujer, nunca me ha llenado una sola, pero ahora estoy con ella.
Algo anda mal con mi cerebro, mi alma y mi cuerpo. No se conectan ni hacen sincronía. La primera vez que me enamoré de verdad y entregué todo, tuve que esperar un año para darme cuenta con quién estaba tratando. No fue lo que yo quise, porque aún era influenciable. Todo se llevó tejiendo una red de engaños que dieron como resultado un espasmo a mis neuronas y un aparente endurecimiento del ser.
No me considero fetichista de ningún tipo, pero a la hora del sexo, me gusta ser dominado, que me ordenen y me digan qué hacer. Nunca he recurrido a las agresiones como medio de excitación, ni tampoco ha llegado la mujer que logre ponerme una mano encima con más intención que la de dejarse hacer… Tengo el sueño, podría ser reprimido que la mamá de un amigo llegue a mi casa en la noche sin avisar, me desvista, y me haga sentir un pobre diablo a su lado.
Algo anda mal con mi cerebro, me lo repito a diario, pero entonces comienzo mi rutina y me doy cuenta que soy un hombre común y corriente, que no tengo mentalidad de psicópata, a menos que alguna situación me obligue, quiero tener mujeres y dinero como todos. Aspiro tal vez a los mismos sueños de muchos idiotas.
Lo contradictorio del asunto es que el tipo que se asoma al espejo en la mañana y en la noche no es tan corriente, no podría considerarlo un alter ego, pero sé que es una parte de mí que fuma cigarrillos constantemente para bajar los nervios, y que combate el vicio del cigarrillo con algo más fuerte. No quiero que me pregunten lo que no pueda responder ni mucho menos que traten de conocerme, eso me pone sumamente paranoico, me desespera que alguien pueda encontrar mis debilidades y usarlas, o que copie mis fortalezas y las utilice contra mí.
Soy un freak y creo que siempre lo he sido, pero hay algo que me diferencia de los demás freaks y es el hecho de que siempre he tenido con quien acostarme, la masturbación fue pasajera, Tuve en el  colegio una novia y dos “amiguitas” en ese momento todo iba bien, ese des-orden que ahora nubla mi cerebro tal vez era entonces una especie de gigante sumido en un sueño letárgico. Nunca me preocupó el futuro, pero el pasado siempre ha estado corriendo por mis venas, como un tormento que cada vez se hace más grande, un presentimiento.
 En ese tiempo no me gustaba estar rodeado de mucha gente, sentía que todos podían mentirme y dañarme, sin embargo siempre me mostré fuerte, y aún lo hago, conservo la energía y el vigor de esos días, me sostengo firme ante cualquier situación, derrumbarse es un suicidio, es alimentar las bocas de los buitres que han esperado mi caída, es huir sin haber intentado vencer. No soy fuerte, y lo sé y el del espejo también lo sabe. Pero a quién le importa si podemos guardar apariencias y continuar.
Algo anda mal con mi cerebro, mi alma y mi cuerpo. No se conectan ni hacen sincronía. Y creo que ya sé que es.  Y no se lo cuento a ningún hombre porque precisamente soy uno y no tendría sentido, hay un desbalance emocional en mi ser, un vacío en mi existencia. Me quitaron la  parte fundamental en el crecimiento de un niño. Me arrebataron un pulmón y no me lo dijo nadie, yo lo sentí. Yo estaba en la casa, él en la base militar, nadie me dijo nada… Pero yo lo sabía, sentí un vacío en el pecho. Después me lo contaron.
Mi padre había sido un buen hombre, por eso no derramé ni una sola lágrima en el funeral. Sin embargo ser un buen hombre no le bastó para que un imbécil bajo presión halara del gatillo.

Algo anda mal con mi cerebro, con mi alma, mi cuerpo y mi pasado. Definitivamente es el pasado. Pero no es del todo irremediable… Lo buscaré, le arrancaré las uñas y echaré sal en las heridas que yo mismo causaré por todo su cuerpo… lo haré desesperar a tal punto que llegue a ver un ser ajeno a sí mismo en el espejo, le haré desear el suicidio y entonces, cuando esté preparado le daré las herramientas para acabar con su miserable vida. Pero no le dejaré utilizarlas. Porque definitivamente algo anda mal y no soy ni mitad bueno ni mitad malo, soy un psicópata autodiagnosticado en un caso justificado de venganza premeditada.

miércoles, 11 de abril de 2012

Publicado por Mimi Cano en 20:37
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Entonces ella dijo "Si tienes que llorar, llora, sácate el llanto del cuerpo, pero regresa a mi entera, fuerte como sé que eres, amor" y un fresquito me recorrió todo el cuerpo. 

viernes, 23 de marzo de 2012

La forma perfecta para insuflar la soledad.

Publicado por Mimi Cano en 0:49
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Entré al bar solo para esconderme la lluvia.
Ella Bebía Vodka. Estaba sentada en medio de la barra, advirtió mi aproximación y me saludó con una mueca a la que respondí levantando las cejas.
Pasaron unos minutos; un poco largos, perezosos... minutos al fin y al cabo.

Conversamos un rato. Vi en su cara un aire melancólico, pero no me atrevía a preguntar... ella no paraba de hablar. Se quejaba de todo un poco, definitivamente había tenido un mal día. Que el jefe, que el gobierno, que sus padres...
No pude acallar su verborrea más que con un beso. Se distanció y dijo -estás loca, Mujer- Le sonreí pícaramente y mis ojos apuntaron a la salida del bar. ¡Vámos! 

Me tomó de la mano y respondió: "total, tendré la excusa de decir que estaba borracha" 

La llevé a mi casa y no me importó como sonaba su nombre. El objetivo de esa noche era perturbar el sueño de Doña Olga (la vecina católica que dice que soy una libertina)

viernes, 24 de febrero de 2012

Violación

Publicado por Mimi Cano en 18:44
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Señores, me parece inadmisible que mi nombre se vea en entredicho, por el comentario impertinente y desjuiciado de una camarera.
Llegué apenas hace un par de días al Águila De  Dos Cabezas, me sentía indispuesto durante la tarde, al parecer el cambio de clima entre París y kitzbühel me había afectado. Tenía que terminar de escribir otra traducción para una editorial rusa y necesitaba estar activo, pedí un coñac, para tener un poco de fuerza al día siguiente y continuar. Una camarera de rostro pálido y cuerpo lánguido vino a traerlo. Yo estaba tendido en la cama, de medio lado y con las sábanas hasta el cuello, cuando ella apareció en el dintel de la puerta. La sentí y le dije que pasara, ella se acercó por mi espalda y cuando estuvo a una distancia corta me habló en tono muy bajo casi como un susurro. -Señor, su coñac. Y habiendo pronunciado estas palabras en tal cercanía de mi persona me exalté y volteé con brusquedad. Accidentalmente mi brazo rozó su mano desnuda. Le pedí que colocara el trago sobre la mesa y me volteé nuevamente. Le ordené que cerrara la puerta. La camarera se dio la vuelta y se alejó. La seguí con una mirada de soslayo hasta que su escuálida figura dejó la habitación.
Si ella tomó la decisión de suicidarse fue por temor al escarnio,  porque evidentemente no tenía bases para fundamentar sus calumnias contra mí y porque no soportó la idea de que toda la población se enterase de semejante agravio contra un extranjero.
Avísenme cuando hallen el cadáver, tal vez me compadezca y permita darle cristiana sepultura en un buen cementerio. 

domingo, 19 de febrero de 2012

Posmo

Publicado por Mimi Cano en 12:55
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Han girado tantas veces las ruedas
que se han cansado, o más bien las
han desechado... Estamos en el
mundo de la reposición....
No solo los objetos se vuelven
obsoletos, las personas, los tiempos y
los deseos se pierden... Las fotografías
esperan pacientes dentro del museo
los artistas ya no venden su obra, la
obra camina desnuda por las calles
esperando ser vista por algún
transeúnte distraído...

Historias contadas desde hace
tiempo, historias contadas en
fotografías a blanco y negro.
Almas gastadas y cuerpos rotos o
deformados. Ceguera del mundo,
indiferencia. El arte visto a través de
quienes parecen convertirse en
patrimonio. La historia se repite, pero
ahora en color y HD.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Nueve años más, nueve años menos.

Publicado por Mimi Cano en 14:24
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Una vez pregunté por el origen de su nombre y me dijo que su madre lo había elegido para que nunca envejeciera.
Funcionó perfectamente, Melissa se tira en la cama y comienza a sonreír llamando mi atención. Me siento a su lado y aprovecha para hacerme cosquillas y soplar en mi panza provocando un ruido embarazoso. La habitación se llena de alegría, de gritos y de risas estruendosas. Luego se encarama sobre mi y comienza a temblar y mover los pies para provocar que mi cuerpo se hunda en las sábanas. Damos vueltas hasta terminar sobre el suelo y levantarnos para seguir, le gusta dar saltitos en un solo pie, porque cuando la miro hago caras chistosas y la grabo con el celular. 
Eres una nena, le digo... Ella lo refuta con un No bastante mimado y se prende de mi cuello hasta casi tumbarme, cojo su cara con las dos manos y la miro fijamente. Eres MI nena, le digo, y esta vez solo hace un par de soniditos dulces y me abraza... 

lunes, 16 de enero de 2012

Mientras duerme.

Publicado por Mimi Cano en 11:49
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De vez en cuando abro los ojos para ver si ya esta dormida, pero mi cálculo falla. Ante mi están siempre sus ojos pequeños  y nigérrimos, que me miran tímidamente, mientras  sus labios se van deslizando hasta formar una sonrisita que se mezcla entre la picardía y la ternura. Entonces se cierran y finge dormir mientras con sus dedos juega a caminar sobre mi brazo derecho. Unos minutos más tarde se cansa del juego y parece que por fin sus ojos negros se cierran para descansar. La miro atentamente, sin perder el hilo de su respiración, la miro y sonrío y a veces hasta lloro, porque sé que es perfecta y su pequeño cuerpo encaja en el mío como en un molde, porque sé que si algún día me deja, si algún día pierdo de vista sus ojos negros y su sonrisa, creo que el peso de mi cuerpo disminuirá 21 gramos.  

lunes, 2 de enero de 2012

Carta a una madre desesperada.

Publicado por Mimi Cano en 23:28
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Hoy he recordado que antes nos escribíamos cartas a mano, en las cuales no critiqué tu ortografía ni la ausencia de comas, ni nada, y una vez me enviaste una tarjeta con dibujos animados que me hizo sentir muy bien. Antes nos extrañábamos, o más bien antes te extrañaba, ahora me acostumbré a tu ausencia y no logro acomodarme con tu presencia cuando vienes a verme.  Odio decir "me acostumbré", porque ya no me gusta adaptarme simplemente y dejar que  todo vaya pasando, la herida se me ha endurecido y se convirtió en un callo que ni siquiera tiene un poco  de sensibilidad. Me he convertido en una roca de la que tú misma te preguntas cuándo ablandará un poco su coraza. No he olvidado las lecciones que aprendíamos de memoria en la hamaca de la casa, todavía recuerdo perfectamente qué es clima y cuales son las predicciones, también los nombres de las pirámides de Egipto y una que otra cosa de ecuaciones, recuerdo perfectamente que me gané la fama de muy inteligente en el colegio porque tú en casa me llevabas siempre un paso adelante de los demás, recuerdo todo lo que nos unía. Las mascotas, las tareas y la costumbre de leerme en las noches el cuento de La niña que pisó el pan. Ahora bien, te preguntarás si recuerdo todo eso porqué diablos me olvidé de ti. Y de hecho no lo hago, te recuerdo, no muy seguido en el día pero me haces falta cuando mi celular no suena. Hablamos idiomas distintos, y la vida no nos ha ayudado mucho, la presión de la sociedad, la economía, los límites, todo nos ha puesto en extremos opuestos de los que no queremos salir... Somos tercas y no soltamos una idea, tu vives con la idea de protegerme hasta de la picadura de una mosca, y yo vivo con la idea de ser libre y dejar que el río me lleve por su cauce. Tal vez tenemos conceptos erróneos de libertad, tal vez nuestra vida no se hizo perfecta y tenemos que aguantarla. Quizá queremos cambiar nuestra historia pero por mucho que pasen los años la brecha se hace más y más grande, y nunca se reduce, el abismo que nos hace tan diferentes crece con la fuerza que crece un roble y las ganas de luchar se agotan, como se agota el agua del planeta.  


Nos estamos acostumbrando a tenernos siempre ahí, sin importar bajo que condiciones, y nos hemos olvidado de que tenemos que recuperarnos.
 

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