martes, 18 de octubre de 2011

Basura

Publicado por Mimi Cano en 21:11
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Ten algo de valor. Vamos, dale una bofetada al viento, atrapemos las mariposas con nuestros cepillos de Dientes. 
¡VOLEMOS! 
Castremos a San Pedro, vamos al infierno a traer el sombrero de Michael Jackson. 
Vamos a embriagarnos con agua de mar, dejemos de lado las malas noticias, incendiemos los noticieros.
Cortémosle la barba a Fidel para hacer una almohada de pelos a Obama. Vamos a Japón, a Francia. Madrid. Estocolmo. Prusia. Egipto. Vamos a desterrar el imperio Romano. Vamos a broncearnos al sol, y nadar en la luna.

viernes, 14 de octubre de 2011

Tenía ganas de... Besar al poeta.

Publicado por Mimi Cano en 19:45
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Usted, y usted, también usted, 
sí, usted y usted también,
¡Todos están arrestados!

Me dicen, ¡para de escribir!
Escribe y te mostraremos a Guantánamo en casa,
Escribe y te mataremos.
Kabul, verano 2007
Manos esposadas, pies atados;
Éste es Afganistán, y éste de aquí adonde va a llegar,
Cadáveres sobre cadáveres.
El poema no tiene alternativa sino dejar de escribirse a sí mismo.
Ésta es la prisión.


Le preguntaron a un gorrión de Kabul
¿En resumen, qué trama la humanidad?
El gorrión meditó sobre esto y ¡se murió!

Así finalizaba la declamación del poeta afgano.
Había ido acompañada al evento, sin embargo a la hora de aplaudir estaba inevitablemente sola. El hombre que había estado a mi derecha durante el festival –dizque mi amigo, se había ido y no supe en qué momento su escuálida figura abandonó el teatro.

Tenía ganas de saltar al escenario y darle un beso al poeta.

Tenía ganas de que me hablara al oído y sin traductor en ese idioma de tantas “a”.

Tenía ganas…

Durante su estadía en las tablas miró al frente cuantas veces le permitían las pausas. Yo estaba en el centro, en la segunda fila y las luces cumplían su deber. Parecía que me miraba. Por un momento desapareció la demás gente, el teatro quedó totalmente vacío, solo estábamos él, el traductor y yo. Se me había quedado en la cabeza la parte del poema que dice ¡Todos están arrestados” y recordé.

Tenía ganas de arrestarlo.
Tenía ganas…

Volví a mí. EL teatro se llenó de nuevo. Mi imaginación se dio una pausa. Entonces noté que cada vez que el traductor nos entregaba la poesía en castellano, él sonreía. Yo quería que fuera conmigo, que su piel absolutamente morena estuviera frente a mí. Que su idioma no fuera obstáculo a la hora de comunicarnos.

¡Qué importa si puede o no pronunciar mi nombre, o yo el suyo!

Lo miré atentamente cuando se ocultó tras el telón. Me quedé bastante entorpecida con esos ojos tan negros y esa voz entre gruesa y aguda; entre beso y mordisco.
Salieron otro par de poetas extranjeros y uno Colombiano. Al final de la presentación planeaba irrumpir en el salón para secuestrarle los labios y robarle una sonrisa tan solo una vez. O quizá dos, tal vez tres…

Me fui del teatro en medio de la presentación de una poeta africana, pregunté por el baño. Entré y me enjuagué muy bien las manos para hacer tiempo y simular haberlo usado. Cuando me disponía a secarlas escuché al fondo la voz del afgano. Me puse nerviosa. ¿Y si salía y lo encontraba de frente? ¿Y si me veía? Y… si me ignoraba ¿cuál sería mi reacción? ¿Sería capaz de robarle aunque fuera un minuto?

No lo pensé más, salí del baño decidida a chocar con él.

La puerta se cerró detrás de mí, entonces el salón se hizo muy grande o yo me hice muy pequeña (más).  El poeta estaba ojeando una revista, me acerqué a la mesa con la excusa de comprar algún libro. Tomé el primero que vi. Era la compilación de todos los autores que participaban, entre ellos Kamram Mir Hazar, que todavía no había notado mi presencia.
En un último intento por estar cerca del poeta esperé que colocara la revista en su sitio y simulé querer verla, estiré mi mamo hasta casi rozar la suya, el volteó, me miró a los ojos,  y en un tono muy amable y con una sonrisa dijo algo que no pude comprender, pero que me heló los huesos y me hizo doler las rodillas. Tal vez era un insulto,  y yo me dejé llevar por su gesto. Pero no me importó, devolví la sonrisa y traté de hacerle creer que había entendido por lo menos una sílaba.


Compré la revista y se la obsequié a mi persona favorita. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Visitar un centro de rehabilitación

Publicado por Mimi Cano en 18:18
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Se nota la soledad en que viven, en la casa hay una biblioteca con unas colecciones muy bonitas de libros, algunas empolvadas. Intenté agarrar uno pero se me vinieron 3 pegados, tal vez por falta de uso. No estoy diciendo que no leen, solo que quizá leen poco. El sistema de terapia de choque para quienes no acatan la norma o son reincidentes se llama confrontación. El "acusado" va al banquillo, se sienta con la columna recta, las manos sobre las rodillas y la cabeza baja como dispuesto a recibir la extremaunción o en su defecto la pena de muerte. El otro compañero se pone en frente, puede jugar con el espacio para intimidar, le dice un par de frases "severas"  como -usted vino a echar barriga, a engordar. ¡No hace nada productivo compañero! con el fin de hacerlo entrar en razón, pero las heridas se convierten en callos. Sanan y se hacen duras despues de mucho tocarlas. Me pregunto si les duele todavía que les digan holgazanes...


Al principio me parecieron algo tontas las confrontaciones, sí, ¡tontas! Se hablaban como cuando uno derrama la leche y la mamá lo regaña. Usaban mucho las mismas palabras “hermano” “cambie” “futuro” “pasado” y todas aquellas que solo nos ponen a pensar en Paulo Cohelo que ojalá Dios lo tuviera ya en su santa gloria. Pasan dos o tres que repiten lo mismo pero uno de ellos sale y me deja intrigada, le ha correspondido el papel de juez, le habla a su compañero de una familia y una hija, le reclama haberlas abandonado, al principio pensé –claro, se ven todos los días y se conocen la vida de todos, pero en realidad hablaba de la suya, de su familia y su hija con la voz entrecortada. El logró conmoverme como pocos lo habían hecho, también un joven que perdió a toda su familia. Imaginé estar en su lugar y no me creí capaz de hacer la elaboración del duelo de un ser querido, ni siquiera de un amigo o una pareja. 
Definitivamente son fuertes y valientes.


En mi concepto el centro funciona  como un lavado de cerebro y de espíritu que define y castiga los malos comportamientos creando soldados de la moral. 
 

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