sábado, 24 de septiembre de 2011

Santo Grial

Publicado por Mimi Cano en 19:33
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La existencia perturba su sueño mientras la alfombra flotaba sobre el suelo gris de la iglesia, el sacerdote la mira como si tuviera adentro al mismísimo Luzbel, ella levanta la mirada y suavemente ahoga la alfombra en un suspiro, ésta se hunde, se calma.
Da dos saltos y esta a pocos metros de aquel altar, el sacerdote continua mirándola, atontado desde una ventana del campanario, ella se acerca despacio casi contando los pasos al crucifijo que hay en la pared principal; estira un tentáculo y acaricia su rostro – los pantalones del sacerdote se han manchado de marrón-, en la ultima banca del lado izquierdo hay un alma pura observando, sus pantalones aun yacen limpios.
De nuevo ella trepa por la cruz y besa los labios de la representación de barro, continúa besándolo hasta llegar al ombligo, levanta la delgada seda que cubre la masculinidad de la escultura y al verlo cae resbalada por la cruz hasta tocar el piso.
Se desliza por el altar en su negrísimo aspecto.

-El sacerdote se ha desmayado, el alma pura continúa observando paciente y tranquila.

La sombra se levanta y comienza a crecer su barriga en forma desproporcionada, entra una anciana vestida de purpura y al verla sale despavorida a cubrir la estatua. Le pone de nuevo la seda blanca y se hecha la bendición cinco veces seguidas, el alma pura se altera al verla, se respira hipocresía. De nuevo la alfombra flota  y con polvo se escribe sobre ella el número trescientos dieciséis.

 La sombra está recostada sobre las escalinatas que dan paso al altar, de pronto se levanta y comienza a lamentarse. Su llanto suena como un grillo. La anciana toma el cáliz y lo rocía valerosamente sobre ella. El vino salpica y mancha los manteles blancos de rojo sangre.

El santo grial comienza a desgarrarle  las entrañas.

La anciana se pone de rodillas y reza diez padrenuestros, doce avemarías y una salve.
El alma pura sonríe y se pone de pie. Ubica una escalera bajo la cruz y sin recato arranca el manto de seda. Luego se acerca a la sombra y recibe en sus manos el santo grial hijo de cristo.

La sombra desaparece y la niña de cinco años mira al sacerdote y le ofrece cargar al recién nacido, éste de nuevo se desmalla  y cae sobre un charco de excrementos y vomito. La anciana se pone de pie, se echa la bendición trescientas dieciséis veces y se marcha.

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