jueves, 29 de septiembre de 2011

"Espacio libre de humo"

Publicado por Mimi Cano en 21:53
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Archivo de Grupo en FB Libido Bar


Todos alguna vez hemos visto películas de vampiros (sí, si... también cuenta la saga Crepúsculo) Pues bien, ahora en pleno siglo XXI, puedes ir caminando por la calle y encontrar a uno de estos inmortales tenebrosos que nunca salieron del armario ni de debajo de la cama.

La primera vez que entré a Libido (en Aranjuez) estuve a punto de salir corriendo, sin embargo me quedé unas horas, no sin tener el presentimiento de que en algún momento alguien me saltaría al cuello  -Asocié el lugar Drácula 2001 de Patrick Lussier. Que por supuesto hace 11 años daba miedo. Pero fue todo lo contrario, nadie se entera que estás ahí, salvo los que te conocen. Cuando entras a Libido te conviertes en uno más, seas hombre, mujer, gay, lesbiana, dark, rockero, metalero. O en el mejor de los casos… Vampiro.
Ahora ingresar a Libido no es una experiencia tan traumatizante para los nuevos, no es como la entrada al infierno, por el contrario es una puerta pequeñísima con el logo del bar encima. (Cualquiera podría confundirse y perderse) el bar queda en un segundo piso, ahora no hay que tocar a la puerta ni nada por el estilo, simplemente entras, y así fue.
Lo primero que hicieron mis amigas al estar dentro fue preguntarme por el baño de niñas; que si era SEGURO. -Realmente no sé a qué se referían con seguro, pero no me importó, igual noté que lo dijeron con cara de…  ¿no perderé la vida por entrar al baño, verdad? Fui a mostrarles donde estaba ubicado. En la entrada del “salón principal” hay un par de sofás viejos y gastados, un espejo con remiendos que seguramente carga siglos de mala suerte y un parlante.
Como sobrepuesto en el trayecto hacia el baño y frente al parlante  estaba el dueño del bar, más conocido como Mario Libido. Generalmente Mario hace performances referentes a las canciones que suenan, y lo hace frente al parlante, la verdad no sé como lo soporta, supongo que es costumbre. El hecho es que Nía que se dirigía al baño lo miró espantada y rodeó la figura que se balanceaba en las sombras, esquivando quizá una mirada o un golpe del cuerpo agitado por la música.  La puerta se cerró detrás de ella y se encendió una LUZ ROJA.
Comenzaron a llegar los demás, Nos reunimos en un extremo del bar donde había dos sillones casi igual de viejos, sucios y gastados que los de la entrada. Se sentaron. Mientras deliberábamos el trago y recogíamos la plata, Nía comparaba los bares a los que había ido con Libido. Recuerdo que resaltaba mucho el hecho de que los muebles estaban rotos y que en la pared  había una pintura de un pene volador gigante con una chica semidesnuda encima. Ellos estaban sentados, yo bailaba. Me sentía como pez en el agua, mientras mis amigas se quedaban sin oxígeno.
El profesor Wilmer  preguntó que dónde estaba la semiósfera del sexo, todos miraron intrigados. Los llevé a una habitación que hay en la entrada. Señalé lo que parecía un “privado”, hicieron varios comentarios de tipo higiénico, lo cual me pareció un poco gracioso teniendo en cuenta que ya se habían sentado en esos muebles rotos de dudosa coloración grisácea. El lugar que indiqué y que varios reprocharon era una esquina de la habitación donde había una silla Rimax blanca estúpidamente “protegida” por una cortina negra.  
Se acercó Mario Libido a darnos la bienvenida, hizo algunas frases referentes al trabajo de campo que haríamos en su bar, encendió una vela en una improvisada mesa de centro y se fue cantando una canción que desconozco.
Volvimos a los sofás. Comenzamos a beber. Mencioné a D un par de veces para  esbozarles  los personajes que frecuentaban el bar. D sería el tipo de persona que las paralizaría en caso de encontrarlo “casualmente” en la calle.
Después de conversar largo rato me retiré para seguir bailando con unos amigos que estaban más lejos. Otro guaro, otro cigarro. La noche empezaba a tener forma, la libido de los asistentes comenzaba a subir. Mario decía frases por el micrófono en el intermedio de las canciones, y de vez en cuando dramatizaba alguna, ofreciendo un Show muy completo, Yas Mencionaba la frase escrita en el baño que decía “hoy no he vomitado” los demás se estaban aclimatando, acostumbrando. De pronto alguien señaló hacia la entrada y dijo: ahí está el “man” de la falda.
Salí para tomar aire. D estaba en el balcón del bar conversando con un tipo, cuando me vio paró su verborrea y me saludó calurosamente, me ofreció un cigarro y una cerveza, accedí a uno de los dos. Salimos a bailar. No supe qué pasó con el tipo que se quedó mirando sin mucho agrado.
D no se puede clasificar por ser hombre, mujer, ángel o demonio. Él mismo se ubica en una categoría que sobrepasa mi imaginación y mis miedos.
Seguimos bailando, le pregunté por su falda, que por qué la usaba,  -comodidad, Respondió tranquilamente y me hizo una invitación a ver lo que traía debajo de la tela negra. No me negué. No estaba desnudo si es lo que se cree. Seguimos bailando, sentía el olor del sudor por debajo de su perfume de Tommy Hilfiger, que me recordó el profesor de inglés del colegio. La música estaba más alta, los tragos pasaban más suaves, el licor hacía lo suyo en mi organismo y D me movía como si fuera una muñequita de trapo, él con sus botas de plataforma sencillamente podía pasar el metro setenta y yo con mis tenis apenas alcanzaba el metro cincuenta que NO consta en mi cédula.

Hacía calor, la mayoría estaban bailando, Libido es un lugar para bailar, para dejarse llevar de la música y el ambiente que promueve por todas partes la insurrección y el desatino. Las pinturas y la oscuridad son más reveladoras que cualquier cosa, allí se puede ser quién uno quiera. La semiósfera ofrece un sinfín de posibilidades para adaptarse, integrarse y hasta ligar. Los estereotipos desaparecen, solo hay seres danzando, fumando, bebiendo, ligando o teniendo sexo en un rincón. Seres tal vez sin alma y sin género.
Mario es como el padre que se sienta en la cabecera del comedor, Libido es la casa y los asistentes la familia que sobrepasa los límites de la moral, que trasgrede las reglas y se divierte haciéndolo.
Y en eso estaba, en la diversión. Los “cuerpos sin vida” bailaban y se mecían de un lado a otro del bar al ritmo de Nirvana. D continuaba frente a mí con una botella de Pilsen en una mano y un cigarro en la otra. Se acercaba suavemente a mi oído y me decía que tenía trescientos años, y que quería clavar sus incisivos en mi cuello, yo me reía y me escurría jugando con un amuleto de semillas de huairuro que colgaba de mi nuca. D volvía a acercarse y cantaba Du hast mich, volvía a alejarse para golpear el piso con sus botas… así estuvimos un buen rato y cuando menos pensé lo tenía pegado al hombro a unos siete centímetros de mi yugular. Salí de eso con el solo guitarra y me fui bailando.  D no me lastimó, solo dejó unas marcas inocuas que al otro día ya no estarían.
Se hizo tarde y ya quería irme. Total ahora tendré 300 años de vida para venir de nuevo a bailar. Y fumar frente al aviso que dice “espacio libre de humo de tabaco y cigarrillo” en ese bar sucio y ruidoso que tanto me gusta.





martes, 27 de septiembre de 2011

Huir del amor

Publicado por Mimi Cano en 18:33
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A  Maluciérnaga




¡Correr!
Correr la vida
Correr las horas
Correr la cama para cambiar la atmósfera de la habitación.
Correr de la lluvia, del sol, del ladrón. 
Del reloj que en cada tic tac nos recuerda que nos hacemos viejos. Y es que pasamos la vida huyendo y corriendo; huyendo del amor y de las ganas de dar un beso, de acostarse y vivir juntos; Corriendo porque se va... Se va el metro, el bus, el ladrón, y cuándo menos piensas se ha ido el amor. 
Se fue huyendo de los que tenían coraza, de los hostiles, huraños y engreídos, de los que preferían el sexo a las horas de sueño juntos. 

      Pero aún queda tiempo. 
     
 ¡para!
                             
                       ¡detente!

Se puede ir la vida, el bus, los amigos, y hasta el amor puede salir corriendo. 
    Pero vos estás ahí, fuerte y con los tenis puestos para ir a buscarlos.



sábado, 24 de septiembre de 2011

Santo Grial

Publicado por Mimi Cano en 19:33
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La existencia perturba su sueño mientras la alfombra flotaba sobre el suelo gris de la iglesia, el sacerdote la mira como si tuviera adentro al mismísimo Luzbel, ella levanta la mirada y suavemente ahoga la alfombra en un suspiro, ésta se hunde, se calma.
Da dos saltos y esta a pocos metros de aquel altar, el sacerdote continua mirándola, atontado desde una ventana del campanario, ella se acerca despacio casi contando los pasos al crucifijo que hay en la pared principal; estira un tentáculo y acaricia su rostro – los pantalones del sacerdote se han manchado de marrón-, en la ultima banca del lado izquierdo hay un alma pura observando, sus pantalones aun yacen limpios.
De nuevo ella trepa por la cruz y besa los labios de la representación de barro, continúa besándolo hasta llegar al ombligo, levanta la delgada seda que cubre la masculinidad de la escultura y al verlo cae resbalada por la cruz hasta tocar el piso.
Se desliza por el altar en su negrísimo aspecto.

-El sacerdote se ha desmayado, el alma pura continúa observando paciente y tranquila.

La sombra se levanta y comienza a crecer su barriga en forma desproporcionada, entra una anciana vestida de purpura y al verla sale despavorida a cubrir la estatua. Le pone de nuevo la seda blanca y se hecha la bendición cinco veces seguidas, el alma pura se altera al verla, se respira hipocresía. De nuevo la alfombra flota  y con polvo se escribe sobre ella el número trescientos dieciséis.

 La sombra está recostada sobre las escalinatas que dan paso al altar, de pronto se levanta y comienza a lamentarse. Su llanto suena como un grillo. La anciana toma el cáliz y lo rocía valerosamente sobre ella. El vino salpica y mancha los manteles blancos de rojo sangre.

El santo grial comienza a desgarrarle  las entrañas.

La anciana se pone de rodillas y reza diez padrenuestros, doce avemarías y una salve.
El alma pura sonríe y se pone de pie. Ubica una escalera bajo la cruz y sin recato arranca el manto de seda. Luego se acerca a la sombra y recibe en sus manos el santo grial hijo de cristo.

La sombra desaparece y la niña de cinco años mira al sacerdote y le ofrece cargar al recién nacido, éste de nuevo se desmalla  y cae sobre un charco de excrementos y vomito. La anciana se pone de pie, se echa la bendición trescientas dieciséis veces y se marcha.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sala de espera

Publicado por Mimi Cano en 14:20
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Se despidió esa noche diciendo que su vuelo salía a las diez de la mañana, me quedé congelada como un imp pant frente a mi computador. Que a esa hora de la madrugada ya estaba cansado tal vez, y comenzaba a encender el ventilador que sonaba como turbina de avión a pequeña escala. Estaba aterrada, casi temblaba. Su vuelo estaría arribando a las tres de la tarde si todo salía bien y no había contratiempos.
Casi nadie (de los que llamo tercamente amigos) confiaba en que ella viniera a verme, pero yo nunca me perdí en las dudas de los otros y sus comentarios pesimistas. Sabía que me amaba, y que al otro día estaría en el aeropuerto de Rionegro esperando un abrazo fuerte de mi parte. Apagué la PC, puse suavemente la cabeza en la almohada y comencé a dar vueltas, se me pasó por la cabeza la espera un millón de veces, pero no quise traer a mi pensamiento el momento en que la viera cruzar alguna puerta o control de “seguridad” o maricada que inventan para fastidiar a un país tan jodidamente corrupto como este.
Ese momento no haría parte de mis ensoñaciones, lo dejaría pasar, que fuera tan real como los otros que todavía no suceden por falta de sellos en el pasaporte que aún no tengo.
Me detuve un momento, me quedé boca arriba y dejé que pasaran las horas.
Tres… cuatro… cinco de la mañana y yo no dormí. Y me levanté para ir a clase de siete, al fin y al cabo salía a eso de las 12 y me daba tiempo para ir al aeropuerto.
Las clases de ese viernes fueron más cortas de lo normal y de momento ya estaba en uno de los lugares más bien nombrados del mundo: la sala de espera… que en cualquier lugar, sea clínica, entidad gubernamental, laboratorio médico o en este caso aeropuerto... ¡es igual! ambiente frío, sillas idénticas estúpidamente filadas, televisores que todos miran como autómatas pero que ninguno atiende, y por último los ocupantes de la sala que por lo general tienen cara de… Persona desesperada que se impacienta en esperar.
Pues bien, yo estaba en el rango de persona desesperada que espera. un reloj decía que eran las cuatro y cinco de la tarde… otro decía que eran las cuatro y diez y el mío que estaba adelantado supuestamente, decía q eran las cuatro y veinte minutos. Mi pesimismo estaba a punto de vencer el amor y la paciencia que mi novia había conseguido fortalecer en esos meses, hasta que la vi salir arrastrando una maleta. No muy grande como para no guardar su ropa, pero si muy pequeña para meter ahí todo lo que llevaría de regreso a su país, después de entregarle los mejores días de nuestra vida.

Rutina y amor

Publicado por Mimi Cano en 13:42
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¡Deja de mirarte los pies!

Esa era la primera frase que pronunciaba cuando llegaba. Siempre me encontraba tirada en el piso, alimentando mi fascinación por esta parte del cuerpo que le parecía insignificante.

Entonces se ponía en cuclillas y me miraba a los ojos –déjalo ya, vamos a cenar. Me convencía inmediatamente. Me tomaba con dulzura por el brazo y me ayudaba a levantarme. Iba a váter, me lavaba las manos. Me miraba incansablemente en el espejo, hasta que ella gritaba impaciente que se estaba enfriando.  Salía corriendo, dando saltitos cual niña adolescente por todo el apartamento, hasta llegar a sentarme con brusquedad en el comedor. Eres una nena -me decía mientras me acariciaba la mano que yo estiraba para coger la salsa. Yo respondía a sus caricias rozándole las piernas con mis pies desnudos, por debajo de la mesa.
Conversábamos durante la cena. Bueno, más bien ella hablaba, las cosas no iban bien en la editorial y la semana anterior habían despedido a tres de sus compañeros. Esto le preocupaba mucho. Yo la miraba con atención y leía de sus labios cada palaba, de un momento a otro la voz se iba desvaneciendo y me deleitaba con la mímica que hacía para contarme, con algo de indignación, que el Doctor Ramírez le había mandado a corregir nuevamente uno de sus textos. Era increíble la manera como ella podía transportarme solo con la voz.

(Es que si vieras mamá, me hablaba suavecito, y mantenía un tono parejo como si estuviese contando una historia o un cuento, yo nunca envejecí a su lado.)

Terminábamos la cena, ella regularmente tomaba una ducha a las nueve y media, yo a veces me colaba y la molestaba un ratico, pero solo a veces, porque llegaba muy cansada y se enojaba conmigo. Desde que viví con ella no te extrañé más a la hora de dormir, por mucho que fuera el agotamiento, me permitía encaramarme y abrazarla como hacía contigo a los cinco años. En ese tiempo estaba terminando de escribir su segunda novela y todas las noches me leía un par de páginas. Mientras el hilo de su voz se metía en mis oídos, yo rebuscaba entre las sábanas y jugaba con nuestros pies hasta quedarme dormida.

Mi reloj sonaba a las cuatro para ir a la universidad. Unas veces me levantaba solita, y otras ella tenía que hacer uso de la fuerza, recuerdo que me agarraba como un juguetito y me llevaba a la ducha.
La batalla no terminaba ahí, porque me sentaba a orinar y cuando miraba hacia el piso comenzaba a jugar con los dedos en las ranuras de las baldosas.
Entonces volvía a mí ese letargo, ese momento de intimidad ininterrumpida con mis pies. Hasta que la escuchaba, y esta vez sí me hablaba durito. -Seguro te estás mirando  los pies. A la ducha, se hace tarde.
Así fueron las primeras semanas. Algunas veces, cuando se le daba por escribir a las tres de la mañana, yo me despertaba por el ruido del teclado, pasaba la almohada para abajo y comenzaba a jugar con sus pies hasta que fueran las cuatro.  Creo que no le gustaba mucho porque decía que era rarísimo y que tenía q ver un psicólogo, a mi me parecía totalmente inocuo, pero sin embargo una vez le hice caso, bueno, por lo menos pedí la cita. Solo fui esa vez, así que nunca supe si era dañino o no.
Ya puedes ver que no era tan malo mamá, es una relación como cualquier otra, así vivíamos, cuando dejaste de hablarme, y casi nada ha cambiado, excepto la hora de levantarse.

Te perdiste de muchas tardes de domingo, de conversaciones interesantes. De esas que te gustan. Ella es muy conversadora y bastante inteligente, sabe un montón de cosas. Hemos aprendido mucho juntas y hacemos un buen equipo a la hora de escribir. Siempre quiso conocerte. Vendremos mañana.

Por favor, la hora de visitas ha terminado.

-Está bien mi amor, si dios quiere las veré mañana bien temprano.

Pero una última cosa. ¿Eres feliz?

Por supuesto, siempre he estado enamorada y todavía siento cosquillas cuando llega a la casa  y me saluda con un beso.
Chau, te amo viejita.

Mi madre murió tres horas más tarde. Siempre fue una mujer fuerte. Esperó cuarenta y cinco años para este momento, al que tanto le huí, y por el cual me fui del país, pero su cuerpo no resistió las once horas que faltaban para mostrarle dónde iba mi historia.

 

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