miércoles, 11 de marzo de 2015

Carta a un amigo que no ha muerto

Publicado por Mimi Cano en 22:27
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Recuerdo mucho una vez que veníamos en un bus por el poblado y me dijiste que por qué diablos no nacimos ricos, si teníamos buen gusto musical y literario, si pensábamos cosas tan brutales. Le reclamábamos a esos edificios lujosos nuestra sobra de talento y nuestra falta de dinero, como para ir a visitar la tumba de Hank, o educarnos en París, como todo burgués Colombiano, tener bibliotecas del tamaño de lo que son nuestros apartamentos de chicos soñadores. Recuerdo esa ambición y pienso que no sería lo mismo si hubiésemos tenido plata por montones. No habríamos probado el sabor del Moscatel en el Parque del Periodista, y seguramente no nos habríamos ido a los lugares más sórdidos de Medellín, en los que pasamos momentos tan geniales. Esas tardes de cine en mi casa, o de lectura en algún café barato del centro, son de los recuerdos más bonitos que tengo de vos. Entonces pienso que tuvimos una educación soñada, Chopin, Bach, Beethoven, Borges, Sand, Nabokov, y tantos otros músicos y escritores que me enseñaste, los trazos de Tamara Lempika que te deslumbraron, las interminables conversaciones en las que hablábamos de política, de mujeres hermosas, de mis enredos y los tuyos, de mis depresiones y las tuyas, de esa carta que le enviaste a Cristina Peri Rossi y que ella respondió diciéndote que tenías talento. Los poemas que enviabas por correo que yo leía fervorosamente para después, entusiasmada hasta el cansancio, felicitarte y decirte cuáles fueron las partes más brutales. De mi siempre tenías un feedback en esos correos en los que yo veía seis o siete destinatarios, y que llevaban un asunto sincero, directo, preciso: "Poemas".
Un comentario en tu foto de perfil me recordó todo eso. Alguien dijo que parecías muerto y entonces quise escribirte una carta simulando que te tragó Santa Marta y no te volveré a ver. 
Mi amigo taciturno, recuerdas cuando fantaseamos con vivir en el siglo XIX? que al final desistimos por una cuestión de asepsia? Pensándolo bien, si vivimos y bebimos como esos escritores que admiramos. 
Nuestros sueños eran muy baratos 1.500 pesos para bajar en bus a la biblioteca Comfenalco de la playa y pasar horas buscando algo nuevo que devorar. Uno de esos días me mostraste Round midnight de Efraim Medina y fue como si un hacha me partiera en dos la cabeza. Entonces empecé a leer al Marqués (que tu decías humanista) y a querer ser como ellos, usar la palabra exacta para desnudar la perversión, ¡fuera el romanticismo! 
Nuestras tardes de lectura pronto se convertían en noches, y entonces un vinito (barato) una cerveza, un cigarro, y de nuevo una conversación interminable de (the) dreamers. Vos un docente de cátedra de literatura o ciencias políticas, (porque no se vive de la poesía) yo una periodista aclamada (ahora que estoy terminando tengo grandes dudas de eso último) Veíamos nuestro futuro cercano como una novela escrita al revés, como el verso de una canción de The Beatles, yeah yeah yeah. 
Seguramente en algunos momentos vamos a despertar y ver la magnitud del naufragio, como tu dices, pero tenemos los recuerdos y mientras haya memoria habrá alegría en nuestros sueños.
Y ahora que repaso todos esos momentos me doy cuenta que la ventaja que tuve cuando entré a la universidad, respecto a otras personas era todo lo que había aprendido contigo, que seguramente no me servirá de nada en los ECAES, pero ha forjado parte mi vida y me ha llevado a conocer a la persona que me hace feliz.


 

martes, 2 de septiembre de 2014

Los domingos no vomito. Permutación de un cuento semanal

Publicado por Mimi Cano en 9:21
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Técnicamente los domingos no existen, son un lunes disfrazado de pereza y ansiedad.
Este no es mi día, siempre despierto en una cama extraña, con una sábana extraña y rara vez logro encontrar el calcetín izquierdo. Eso me hace zurda de los pies, zurda de domingos, zurda de la cabeza, y entonces, sufro una afasia temporal.
La salida del sueño es difícil, pero la luz incandescente que llega a través el cristal, no lo comprende. Abro los ojos, me revuelvo en los pliegues que ha hecho mi cuerpo en la cama. Mi cama. La mía. La de todos los días existentes. Estiro el brazo para apagar la alarma del celular. El ringtone es una canción pachanguera que le gustaba a mi nana. La mañana comienza sabiendo a leche con miel de abejas y cebolla de huevo –Remedio para la tos que me daba La Chava.
Todo en orden, calcetines, tenis, pantalones.  En algún blog leí que los domingos son días para suicidarse o para ser feliz. Salgo a correr, me siento en el parque, los juegos metálicos corroídos por el óxido me hacen una invitación. Recuerdo a La Chava con la leche encebollada y los columpios de madera.
En este parque las hijas de la oligarquía salen a hacer picnics al estilo gringo, con el trapo de cuadros y las canastas gringas, importadas con la plata de nuestros impuestos. Las niñas de la oligarquía de mi ciudad tienen la piel perfecta, la cara angulosa y las piernas largas como las europeas. Son el resultado de la búsqueda por mejorar la raza de esta sarta de criollos, de la que salen los Cooney, los Shepard, los Brooks y los Cushman, que se mezclan aquí con los cabellos hirsutos y los apellidos Muñoz, Castro, Cifuentes y Pérez.
Mi mundo, esas mañanas de Lunes que despierto con el guayabo del domingo encima, son el resultado, casi siempre, del encuentro furtivo con alguno de esos híbridos de apellidos mezclados y afros finamente cortados en Miami. Pero no soy como ellos, algo me hace diferente aunque solo sea yo quien conozca el secreto de mi rareza, y no pueda explicarlo.
Ayer conocí al mejor coleccionista de calcetines. Hace picnic y tiene en su registro civil la marca del afán por civilizarnos.
‘Maicol cuni’ me llevó al Olaya Herrera en la primera cita, nos besamos en las graderías de la Unidad Deportiva Maria Luisa Calle, viendo despegar un avión rechoncho de la fuerza aérea. Sin embargo, hay algo en él que no me gusta. Y no son los mordiscos suaves que me da en los labios, ni las nalgadas, ni los paseos extraños, ni los viajes a la USA que paga con su Master Card de Cliente preferencial. 
No lo amo porque no me gusta su nombre. Maicol Cuni Arbeláez o más bien Michael Cooney Arbeláez, es un retroceso, una brecha entre lo que quiero y lo que deseo. A Maicol seguramente le dieron Bisolvon en lugar de leche encebollada con miel de abejas, su nana no era la tía sino una negra que decidieron librar de la esclavitud, y que seguramente era de apellido Rentería, nació con médicos y no con parteras y lo más grave aún, Cuni nunca ha montado en el Circular Coonatra, no conoce la técnica para sacar la mano y parar un bus, jamás pediría que lo lleven por la de atrás. 
A veces quiero que andemos desnudos por la calle para no ser tan diferentes, a él no le da pena que lo vean conmigo, pero a mí sí me da pena andar con él. Me molesta cuando me lleva a restaurantes finos con más de un tenedor sobre la mesa, me incomoda ir con sus amigos y ver a las novias de ellos, con sus pieles lozanas y sus piernas flacas. A la final, no he logrado entender si me jode ser una india o que él sea un burgués. Mi nana Chava me dice que debo casarme y sacarle un par de hijos. Engendros, mezcla de blanco y negra envueltos en la placenta de la desigualdad.
Ya no me levanto los domingos, con el cuerpo hecho pedazos. Y cuando me miro al espejo mi cara está firme y calma, la mirada no parece atravesada por una estampida de shots. Lo amé desde el sábado hasta el lunes, sin tener en mi cuerpo marca alguna de  corrosión.
Entonces me dije, que definitivamente los domingos son para ser feliz, para librarse del peso del alma o del cuerpo, para saltar hacia los autos y volar por los espirales del puente de Coca-Cola, para celebrar porque Maicol Cuni Arbeláez, me cambió la forma de despertar, eliminó el tedio del séptimo día y aunque a veces olvidaba robar mi calcetín, siempre me dejaba apoyarme sobre su lado izquierdo.


miércoles, 4 de junio de 2014

Reseña crítica (El elogio de la madrastra) Mario Vargas Llosa

Publicado por Mimi Cano en 12:50
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Este artículo fue producido para la clase de Literatura del Siglo XX con Juan Carlos Restrepo Botero 

El elogio de la madrastra es una novela que enmarca dentro de su trama lo edípico y lo erótico. Posee un lenguaje rebuscado pero exquisito en cuanto a las descripciones. Y cierta riqueza en la narración de la intimidad de un hombre aferrado a los ritos corpóreos. Además de una relación estrecha entre lo angelical y lo demoníaco. Su autor, Mario Vargas Llosa, Arequipa, Perú (28 marzo 1936)  además del Premio Nobel recibido en 2010 por su trayectoria, ha tenido vastos reconocimientos por su obra, entre los cuales están el premio Leopoldo López por Los jefes (1959). Posteriormente obtuvo el premio Biblioteca Breve por La ciudad y los perros (Barcelona, 1962) La misma novela fue distinguida en 1963 con el premio de la crítica española y el segundo puesto del Prix Formentor. En 1967 por La casa verde obtuvo 3 galardones: el premio nacional de novela del Perú, el de la crítica en España y el Rómulo gallegos, en Venezuela. Entre otros premios recibió el Ritz París Hemingway, Príncipe de Asturias y Premio Planeta por diferentes obras.

Se da inicio al texto con una carta de felicitación por el cumpleaños de Doña Lucrecia, enviada por su hijastro Alfonso, que para ella resulta como una aceptación en la familia. Durante el transcurso de la obra, ese sentimiento del niño a su madrastra transmuta en los hipertextos míticos que van apareciendo en los capítulos posteriores, hasta convertirse en una situación descontrolada que acaba sorprendentemente como un plan maestro ideado por el niño.

Inicialmente se crea una atmósfera ideada para pensar que Alfonso, de verdad siente un cariño casi maternal por la señora Lucrecia, pero este sentimiento va cambiando dentro y fuera del texto. Dentro de éste, se convierte en una atracción sexual, que deriva un sentir recíproco de parte de la madrastra. Fuera del texto, en el capítulo 5° Diana después de su baño, donde se hace mención a Artemisa, la diosa de la caza, se da la transformación donde cada uno es consciente de la atracción, pero el hecho de relacionarla con ésta, y no con Afrodita, podría decir que lo que busca el niño es más bien un símbolo de protección.

Este capítulo también arroja, dentro de la hipertextualidad que representa, una relación lésbica de la señora Lucrecia y Justiniana, la criada. “Gozadora innata, igual que yo y, acaso más que yo, Justiniana nunca se equivoca en asuntos que conciernen al placer. Es lo que más me gusta de ella, más aún que sus caderas frondosas y el sedoso vello de su pubis de cosquilleo tan grato al paladar” Pero  dentro de esto también existe un halo de fantasía y debería desligarse de la mitología griega, que no contempla el lesbianismo, como sí el homosexualismo. Aunque existe un mito asociado a la sexualidad de Artemisa, a ésta no se le conoció amante varón, ni dios ni hombre. Y cabe aclarar que el mito, se desprende más de su corte de ninfas, que de sus relaciones sexuales.

La obra roza lo edípico dentro de la relación que tienen sus personajes, pero es necesario tener en cuenta que el complejo de Edipo es más un estímulo inconsciente que tiene el niño hacia la madre, y claramente Alfonso planea la situación por lo que hablar de que exista esto en el sentimiento derivado al sexo, no es muy probable.
La rutina y los espacios son elementos cruciales de la obra, puesto que se desarrolla solo dentro de la casa y permite una intromisión en la intimidad de los personajes, por ejemplo, en los rituales que realiza Don Rigoberto, que denotan nuevamente una relación estrecha con la Grecia antigua y es: el culto al cuerpo.

A partir de esto se puede inferir que cada elemento está colocado de manera estratégica para crear esta relación con los griegos, tanto que para el lector común, se da un choque temporal cuando hace mención a elementos propios de nuestro siglo como la televisión. A medida que el lector va captando estos elementos tecnológicos, ubica la obra en determinado tiempo, pero las ilustraciones y en cierto modo la narración la hacen parecer de otra época.
Es una novela sencilla desde la narrativa, pero compleja desde la forma y la estructura, sin embargo es de una lectura apasionante y entretenida, que elogia la perversidad y la lascivia de lo humano. Desde su pinacoteca la obra sugiere las fantasías sexuales que pueden tener sus personajes.

PINACOTECA
1.    Jacob Jordaens, Candaules, Rey de lidia, muestra su mujer al primer ministro Gigies (1648), óleo sobre tela, Museo Nacional de Estocolmo.
2.    François Boucher, Diana después de su baño (1742) óleo sobre tela, Museo de Louvre París.
3.    Tiziano Vacellio, Venus con el amor y la música, (c.1548), óleo sobre tela, Museo del Prado, Madrid.
4.    Francis Bacon, Cabeza I (1948), óleo y témpera, colección Richard S. Zeisler Nueva York.
5.    Fernando de Szyszlo, Camino a Mendieta 10 (1977), Acrílico sobre tela, colección particular.

6.    Fra Angélico, La anunciación (c.1437), fresco, Monasterio de San Marco, Florencia.

lunes, 14 de abril de 2014

Carreras de caballos

Publicado por Mimi Cano en 9:19
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Tuve una noción de los hipódromos cuando leí, hace varios años, un par de cuentos de Bukowski. Eran para mí hasta entonces, solo lugares donde él o ‘hank’ solían refugiarse.

Pero toda esa idea se vino abajo después del estallido de la polémica de José Alejandro Castaño a quien Joaquín Botero acusó en la revista Kienyke de inventar sus historias, en fin. El cuento de castaño apenas me interesaba. Un día común y corriente en la universidad, una profesora de periodismo ciudadano decidió invitar a Castaño a nuestra clase, para ‘aclarar’ todo el tema y de paso, limpiar su nombre y mostrarle a estos futuros comunicadores cómo es que se escribe.  Luego de conversar lo suficiente, el hizo un par de comentarios que me parecieron peyorativos. Y desearía que me aclare si es que lo he malinterpretado.

Inicialmente dijo ‘que tenía una idea errada de la planta física de nuestra universidad, que teníamos salones y sillas cómodas’ no entendí porqué hacía énfasis en la comodidad de nuestras instalaciones, que es lo mínimo que debe tener uno para estudiar. ¿Imaginaría de pronto una pesebrera? Me interrogué.  Luego nos remató diciendo a modo de moraleja ‘que somos los caballos por los que nadie apuesta’ claramente se refería a nosotros, a ese grupo de estudiantes que lo mirábamos con cierta fascinación.

Había olvidado ya el tema de los malos caballos cuando me encontré de frente con una oferta laboral bastante específica, que me trajo de nuevo a la cabeza la idea de que por alguna razón, debí haber elegido otra universidad, una con más prestigio, una que fuera solicitada en las ofertas laborales. Debí haberme endeudado o haber luchado por conseguir una beca, debí.

El anuncio decía: “Importante joyería requiere practicante de comunicación social o periodismo preferiblemente que sea de tal y cual universidad” no puedo negar haberme sentido discriminada, y recordar la frase premonitoria de Castaño a la que todavía no me acostumbro. Soy el caballo por el que nadie apuesta y mi universidad es un gran hipódromo de perdedores, sin plata y sin futuro.  Replanteé el anuncio, pensé que quizá buscaban un enfoque académico determinado, me di a la tarea de indagar los enfoques de esas universidades y al final me di cuenta que lo único que tenían en común era el costo del semestre académico, que claramente triplicaba lo que yo pago.

Con frustración me dediqué a preguntarle a google cuánto me voy a ganar si salgo de una universidad privada de bajo costo, y él me respondió condescendiente que no me ofrecerán gran cosa, los egresados de las universidades de la élite reciben mayores salarios y mejores oportunidades.


La inversión debe dar sus frutos y como dice el refrán lo barato sale caro, pero valdría la pena resaltar que el conocimiento no se cuantifica y que la ficha no hace siempre al jugador. Esos caballos por los que nadie apuesta, podrían sorprender al país porque conocen de primera mano la realidad que vivimos. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Fotoreportaje

Publicado por Mimi Cano en 20:42
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Nuestra ciudad, se considera la segunda capital del tango después de Buenos Aires, pero ¿es en realidad una ciudad tanguera? Medellín, es una ciudad afanada, arrebatada, egocéntrica. En la que aún sobreviven ideas de gente que no busca una posición social escalada con andamio. Hay que admitir, que una plaga pseudoeuropea se ha adueñado de nuestros parques, nuestros bares y nuestras putas. Sin embargo, existen personas y lugares como Julio y El Albrojito que se sostienen de forma inverosímil en un lugar que posiblemente simula y finge la cultura.





















Trabajo realizado por Andrea Montes, Ingrid Cano, Alejandra lópez

domingo, 31 de marzo de 2013

Un mar de colores

Publicado por Mimi Cano en 17:24
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Nos hizo quedar callados con la autoridad de cualquier adulto mayor, necesitaba silencio para escribir su historia y luego leérnosla. Garabateaba un montón de letras en un diario, con la concentración de un veterano escritor. Nos miraba desafiante cuando hacíamos ruido para luego seguir escribiendo.

De un momento a otro se levantó de la silla  y  comenzó a "leer" su historia, que no era más que una hoja blanca llena de garabatos y letras sin sentido (para nosotros)

"Había una vez una Rosita fresita. A ella le gustaba mucho el color rosado, pero a veces también el amarillo. Pero un día descubrió que en el fondo no le gustaban los colores, por eso no podía escribir."

Susurrando decía "no le gustaban los colores" 

Melany Díaz [[4 años]] <3

lunes, 18 de marzo de 2013

El último sastre en Laureles. Crónica

Publicado por Mimi Cano en 21:57
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" Si la música es el alimento del amor ¡qué siga sonando! "
El último tango en París. 1972







Haciendo duras olas de asfalto, recuperando la tierra a la fuerza. Con las raíces, necios y cansados de tanto carro, de tanta moto, de tanta vieja rica que ni los mira, los árboles de laureles bailan con sus hojas verdes al ritmo de tango. 

El sonido del bandoneón sale desde la sastrería,  para ir a descansar en las raíces, refrescándolas. Acaricia las copas y navega por el suelo agrietado que posa ante el cielo lechoso de las tardes de verano en Medellín. Como la modelo al sastre.


Desde afuera solo se ve la figura de un hombre que se dibuja como el trazo sobre una mesa de corte, limpio, sencillo, preciso. 

Sus días se cuentan con canciones de tango y lo que él mismo llama música caliente. La vida -Ese kilometraje de 64 años que no se agota ni se cansa, cuando de bailar se trata, lo mide con conos de hilo y metros de tela, en una profesión que muere lentamente, que va dejando emisarios y muchas historias.


Chica, como le decía tiernamente su esposa cuando solo eran amigos, es un hombre educado, con la amabilidad característica de esos señores que han vivido mucho y que han sabido ser felices. Se nota que le encanta contar historias y evoca un abuelo, aunque dice que si ve a sus nietos en la calle, no lo reconocería.


En el pequeño taller hay un centenar de conos de hilo de todos los colores, aunque los más usados sean blanco, negro y azul. El arcoíris de algodón procesado y teñido se puede encontrar hasta en el piso, sobre el equipo de sonido, sobre la mesa de la vieja máquina de coser.


Hace 50 años el trabajo llovía en la Medellín que todavía no se había dejado permear por el producto terminado, y acudía a estos dioses del buen vestir, para hacer blusas, sacos y pantalones. -Ahora, de los que él mismo recuerda, "sastres de la vieja escuela solo quedan como 3 en este sector de Laureles"


“En una buena semana caían entre 60 y 82 pantalones, hasta que llegó la famosa apertura de César Gaviria, y entonces lo que nosotros hacíamos en 12.000 o 15.000 pesos, la gente lo encontraba en Junín a 7.000. Todo el mundo cambió la forma de vestir. Todo era de la china.”


Desde ahí empezó a morir la sastrería y ha venido agonizando por casi   medio siglo hasta que se redujo a los arreglos: La bota del pantalón, el cuello de una camisa mal confeccionada que compraron en oferta, la moda del bota tubo, un cierre dañado. Los sacos pasaron a la historia como Gaviria, pero Chica continúa sentado en su máquina de más de 100 años de antigüedad, de la que dice “nadie se disputará cuando muera.”


En el taller todo tiene un contraste, las paredes blancas con los hilos de color, la máquina vieja con un equipo de sonido moderno -que le costó unos centavitos a su esposa, donde no faltan los tangos, los boleros y los porros. El desorden de su taller con el orden en que está colgada la ropa pendiente o la suya, que pone en ganchos para evitar las arrugas. Contrario a lo que pensé no huele a nada.


En la pared hay una tabla blanca en la que puso ordenadamente unos clavos donde a sabido colgar los hilos pequeños, pasándoles el cuerpo del clavo por todo el tubo de cartón en que se hilaron. También hay colgada una foto de él y su esposa, que mira directamente a la calle. Por lo menos la fotografía no es indiferente a la pinta verde que descansa bajo el cielo de la capital de la montaña.


La sastrería, parece un taller de mecánica. Herramientas tiradas, polvo, los trabajitos pendientes apilados como carros en un parqueadero… Y es que ese era su sueño, y en cierto modo lo cumplió, pero no repara automóviles como hubiese querido.


“Ponle el tornillo a la maquina

úntale grasa y caliéntalo sácalo límpialo y mételo”


¿Cómo se llama esa canción que está sonando?

-El mecánico, responde Chica entre risas.


La coincidencia nos deja inmersos en la música por un rato largo, Enseña sus discos y habla de una memoria USB llena de porros que no alcanzaría a escuchar en un día entero. 480 canciones, dice. Tengo música de Contreras, Daniel Santos, Raúl Iriarte, Alberto Podesta, y los boleros de ahora. Cuando estoy solo me gusta poner la música muy duro. A mí me gusta mucho bailar.


Lleva puesto un pantalón gris y una camisa blanca, sin mangas. Tiene ojos pequeños detrás de unos lentes grandes con marco marrón, su sonrisa, iluminada por una dentadura conservada y bonita, parece la de un joven adolescente que no quiere crecer. Su silla es metálica y tiene un cojín negro de cuero sintético, cuando se cae algo, tiene una reacción ágil, inmediata. No es un viejo aletargado por el paso de los años. Por el contrario está lleno de vida, emociones y baile. La existencia le sabe a porro.

Chica se salió del colegio cuando apenas iba en 2° grado. Se centró en la idea de aprender a trabajar y el negocio familiar le abrió las puertas. Aprendió a manejar el dedal, este a diferencia del dedal para las señoras, es abierto en el extremo donde queda la punta del dedo. Por la abertura se pasa un hilo con el que amarran el dedo hacia adentro, y así se coge la agilidad para empujar la aguja.

Los sacos fueron su fuerte y a eso dedicó su vida antes del fallecimiento del oficio. 

La renuncia del colegio a tan temprana edad le impidió estudiar Mecánica automotriz en un colegio técnico de la época, pero no le impidió bailar y ganarse el corazón de la que ahora es su esposa.

Se conocieron porque ella estaba casada con su mejor amigo y cuando el falleció, tenían un contacto parco de ¡hola y chao! Ella se fue del país y su única condición fue que se despidiera.


China acabó con la sastrería, Estados Unidos se llevó a Martha, España se llevó a una mujer que fue su esposa, al parecer solo de palabra. Pero el baile le regresó a la mujer de la que habla enamorado como un adolescente, quien  le dijo que no más tenis, que ya estaba viejo y que en vida de su mejor amigo le mandaba hacer pantalones.

Un día lo invitaron a una fiesta a 5 casas de la casa de Martha. El asistió pero nadie le avisó que ella había regresado a Colombia.



-Buenas, ¿usted me podría hacer un arreglito en esta blusa? Es como cuadrarle esta parte del top, nada más.

Este trabajo vale 5.000, pero yo le agradecería que no me lo deje porque es muy aburridor. Esa tela es japonesa y se rompe muy fácil.

-¿Pero lo quiere hacer?

Pues yo se lo hago, pero como le digo, es muy aburridor.

-Ah bueno, gracias pues.



A las 11 de la noche apareció ella, eso fue hace 10 años. Bailamos hasta las cinco de la mañana y ella me dijo que tenía una sobrina a la que le gustaba mucho bailar y fuimos a fiestas. Como a los 5 meses ella me dio una “señita" y me le declaré, duramos 3 años de novios y llevamos 7 de casados. Claro que para casarme con ella tuve que hacer un divorcio con Norma como ausente porque estaba en España y no quería hacerme el favor de firmarlo en la embajada. Gracias a Dios todo salió bien y ahora vivo muy contento con Martha. Ella me quiere y yo la quiero.



“Donde están los pajaritos
En aquel árbol están
Todos ellos se volaron
Con el tiempo volverán”


La música que nos recuerda diciembre en familia y que para Chica es un cántico a la alegría que le proporciona el baile, llena la sastrería y las voces se pierden en la melodía de las maracas y la percusión.


En el fondo pienso que pese al aire de melancolía, Chica es un romántico sastre al que imagino vestido con un saco de tela fina, de Everfit, que baila hasta que le apagan la música y duerme todo el día siguiente.


Agradecimiento a Carlos Alberto Chica. Sastre de toda la vida y a Melissa, mi editora favorita.
 

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